El viejo espíritu de los sindicatos que resistieron frente a la Dictadura aparece hoy, lamentablemente, como irreconocible. Lo remata el caso de la UGT, a cuyos dirigentes y proveedores andaluces pide Anticorrupción nada menos que 26 años de cárcel y casi 50 millones de indemnización por los delitos continuados que le permitieron financiarse fraudulentamente con los fondos destinados a la organización de cursos para trabajadores en paro. Claro que esa licencia habría resultado imposible sin la connivencia o, al menos, la indiferencia de la Junta del “régimen”, a cuya sombra protectora el “sindicato hermano” hizo durante demasiado tiempo mangas de capirote. Es cierto que el panorama laboral es hoy ya irreconocible pero más cierto aún que la institución sindical ha dejado de ser el indispensable referente del trabajador frente a un mercado cada día más deshumanizado.

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