Datos oficiales confirman que durante el año que ahora termina se han ahogado en el mar, tratando de alcanzar nuestro ilusorio “paraíso”, sobre 350 inmigrantes. Marruecos administra esa avenida con una mano mientras con la otra pasa la factura millonaria a la Unión Europea, y España se ha acostumbrado ya a la tragedia hasta el punto de olvidar el duelo. No son sólo, pues, los orates oportunistas que blanden la inmigración como causa primera de nuestra profunda crisis sociopolítica, sino que la deshumanización concierne a la inmensa mayoría que este mes se embelesa con las luminarias navideñas. Durante las fiestas aumentará, con toda probabilidad, esa cifra escalofriante a la que, sin embargo, se ha adaptado con amplia comodidad moral nuestra conciencia colectiva. La tregua navideña de paz y solidaridad es sólo, por lo visto, para consumo interno.

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