La última ocurrencia de los empestillados en el combate de la llamada “memoria histórica” ha sido la de cambiar el nombre al IEM cordobés que lucía el de don Ramiro de Maeztu. Antier mismo el memorioso columnista Quintano recuperaba en estas páginas su famoso apotegma, “Ser es defenderse”, que el maestro Alfonso Ortí tenía por la hazaña suprema del ontologismo conservador y que yo mismo rescaté en mi libro “Hablar con propiedad”. No quieren a don Ramiro –como le llamaban los lectores de “El Sol”, ¡y el mismísimo Ortega!–, autor de obras tan alarmantes como “El sentido reverencial del dinero” pero también, todo debe decirse, de textos tan ponderados como el titulado “Hacia otra España”, tan reactivo frente al pesimismo noventayochista que en verdad puede encontrarse en él mucho de aprovechable.

A ese Maeztu, el viejo anarquista que giró a la Derecha, a quien hoy quieren purgar unos fundamentalistas cordobeses, se lo llevó por delante la ceguera miliciana parece ser que al ser confundido con un cura, ignorantes antaño –como los justicieros de hogaño– del valor de una buena parte de la obra de aquel soñador anarcoide que acabaría en referente conservador y al que el propio Ortega acabará repudiando tras haberle valorado tan altamente. ¡El callejero memorial! En la Huelva franquista del primer momento, un cónsul alemán tuvo a bien avisar a Berlín de que entre las calles de la ciudad había alguna que conmemoraba, entre otras, a un federalista tan conspicuo como don Ramón de Cala, el auténtico visionario de la autonomía andaluza que, ya como vicepresidente de las Cortes republicanas, madrugó proudhomianamente con un proyecto de Constitución “federal” al neoandalucismo de nuestra Transición.

¿Hasta donde llegaremos en el tardío ajuste de cuentas? ¿Tensaremos la cuerda hasta el punto de exhumar el grave pasado de un personaje tan justamente respetado luego como Torrente Ballester, acaso rememoraremos con esfuerzo la peripecia espía de un venerado Josep Pla, mientras hay en Andalucía y fuera de ella calles dedicadas a lo más indigno de la “nomenklatura” soviética (de la rusa y de la española) ¡y en Madrid sigue intacta la calle de Carlos Maurrás!? Maeztu fue un pensador de relieve que debe conocerse antes de pronunciar su condena. En una monarquía tan eminente como la británica nadie protesta porque la estatua de un republicano regicida como Oliver Cronwell presida impertérrita el mismo Parlamento que él disolvió en su día antes de decapitar al Rey.

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