Hace poco murió, al parecer, el enfermo de Gibraleón infectado de ‘legionella’ en el propio hospital Juan Ramón Jiménez, pero nadie ha dicho esta boca es mía. Ahora son los muchachos de un campamento de Lepe quienes deben ser sometidos a quimioprofilaxis en vista del caso de meningitis detectado entre ellos. Los brotes son inevitables, desde luego, y no hay sistema sanitario capaz de prevenirlos al cien por cien, lo cual no debe confundirse con la política de ocultación sistemática (como en el caso mencionado al principio) de estas incidencias graves. En Huelva se han vivido ya repetidas ocasiones en que la sanidad pública ha resultado incapaz para enfrentarse con éxito a epidemias de esa naturaleza y sólo la providencia ha hecho el resto. Por lo que pueda suceder sería bueno que el SAS obligue a sus prestidigitadores a practicar la franqueza informativa al tiempo que la diligencia indispensable. Algo que, con toda evidencia, con un baranda como el que tiene, no parece verosímil que lo consiga.

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