Los procesos del mangazo –hablamos de miles de millones, oigan—van a tener como efecto secundario el de dividir, una vez más, a la opinión: de un lado, la de quienes coinciden con los fiscales contra la juez sustituta de Alaya; y de otro, los que marcan el paso con los abogados de los imputados (o como se diga ahora) que con ella se alinean proclamando su probidad. Y para mayor división, va la Audiencia y manda reabrir el cofre –¡de casi tres mil millones!— cerrado por la sustituta con el candado del archivo. ¿La gente de la calle? Bueno, la gente de la calle se atiene al aforismo carnavalesco de que “el que la lleva la entiende”, igualmente aplicable, en este caso, a fiscales y abogados de parte. La corrupción política nos ha medio arruinado, pero sus consecuencias sociales han conseguido desmoralizarnos por completo. Andalucía es más dual que nunca desde que la juez Alaya descubrió el pastel y es probable que lo siga siendo durante mucho tiempo.

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