Curioso: la Izquierda llama a los radicales de Derecha, “extremistas”; y a los radicales de Izquierda, “indignados”. Dos medidas, dos mangas –una estrecha y la otra ancha— para arrimar el ascua a su sardina y alejarla de la ajena. Ayer en el Parlamento andaluz podían escucharse aún pildorazos contra Vox por parte de los que van del bracete de los antisistema de Podemos y, llegado el caso, de rompepatrias y amigos del terror. En fin, bien está lo que bien acaba. Más allá de sonrisas fingidas y palabras de doble filo, ayer en el hospital de las Cinco Llagas se puso la primera piedra del cambio exigido por la inmensa mayoría. Se acabó la autocracia. Llega le tiempo difícil de la política negociada y el respeto por todos.

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