La política va por un camino y el opinión pública por otro: los hechos prueban ese apotegma una y otra vez. Estos mismos días vemos al pueblo soberano (es un decir) reclamar una Justicia que no acaba de llegar y, en concreto, una “prisión perpetua revisable”, ante la inimaginable perversidad de algunos comportamientos, mientras en el Congreso, los “padres de la patria”, discuten en círculo si confirmar la ya vigente o derogarla. Allá ellos con sus electores, pero ojalá que, al menos por esta ocasión, coincidan en esa asíntota en que las matemáticas aseguran que se juntan las líneas paralelas. La desfachatez de los propios criminales exige sin demora a la autoridad que se ponga pie en pared. El estado de excitación en que, ante las recientes atrocidades, vive la población no admitiría, probablemente, seguir habitando este limbo.

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