En un país tan vigoroso como Australia hace años que viene inquietando la preocupación por la pobreza y, muy en particular, por esa situación de precariedad que llega a privar al hombre de domicilio. Se hacen cálculos y encuestas para distinguir entre las clases diferentes de indigencia, se establecen categorías de “homeless” distinguiendo entre los que literalmente carecen de abrigo para guarecerse y quienes sobreviven acogidos a la oportunidad. En conjunto se dice que hay más de cien mil personas sin hogar culminando la afrentosa realidad de dos millones de ciudadanos pobres, entre los que figura una multitud de veteranos de guerra, y se sabe que siete de cada diez demandantes de asilo son rechazados diariamente en los desbordados albergues, una situación difícil de asumir en un país de probada solidez, que ya preocupó al entonces primer ministro Kevin Rudd cuando hace unos años publicó su famoso “libro verde” en el que calificaba el hecho de semejante desprotección como una “obscenidad nacional”. Pues bien, la semana pasada el mismo personaje –que actualmente es ministro de Exteriores—ha protagonizado un tragicómico montaje al organizar, junto a un escogido grupo de magnates y empresarios, una “dormida” al raso en las calles de Sidney con objeto de recaudar fondos para la causa. Ya ven, pobres por un día o, mejor, por una noche, miserables de quita y pon dispuestos a vivir la experiencia de la miseria desde la confortable certeza del rescate inmediato, modélicos ciudadanos ávidos de probar pasajeramente la dureza de la vida que para los “verdaderos pobres”, como decían nuestros arbitristas barrocos, no es una experiencia pasajera sino su inesquivable plan de vida. ¿Balance? Pues cuatro millones de dólares australianos y un puñado de conciencias apaciguadas por el ejercicio callejero de la solidaridad. Recuerdo siempre que Jules Renard se indignaba contra esa caridad hipócrita que da cuatro perras a cambio de un buen puñado de francos.

 

No tiene la “buena conciencia” mejor instrumento que ése de las jornadas dedicadas a causas justas a pesar de la evidencia de que jamás se ha resuelto problema socioeconómico alguno –y menos si es de orden estructural—a base de colectas y gestos solidarios, como tantos que en los EEUU se han convertido en un insuperable motivo para la velada de clase. Aunque, claro está, todos los Kevin Rudd del planeta tienen garantizado el telediario y hasta es posible que la leyenda, posando encantados al amanecer con aire de parias improvisados. Lo que de verdad resulta obsceno es ese tinglado de los millonetis durmiendo al raso para volver al día siguiente al tajo de la explotación.

12 Comentarios

  1. ¿Han dormido con la tripa vacía aplacando el hambre con vino de brick?

    ¿Había durmientes con enfermedades crónica, como tuberculosis, sida u otras derivadas de la malnutrición?

    ¡¡Sepulcros blanqueados!!

  2. Entiendo la reacción contra vese espectáculo. Parece lógicoi que si un Gobierno quiere tiene en su mano mejores medios para paliar el desamparo que el hechod e que un ramillete de señoritos duerma al raso. Algo de lo que dice Akela hay, desde luego, en esta anécdota más que significativa.

  3. Recuerdo señoras cubiertas de alhajas en las mesas de la Cruz Roja donde en ciertos tiempos era de buen tono que te vieran…..
    Besos a todos.

  4. Un gesto inevitablemente hipócrita por mucho que hayan logrado recaudar. La pobreza extrema es siempre un asunto de gobierno y no un motivo para montar numeritos como ése.

  5. No pongo en duda la buena voluntad de ese ministro ni la de los magnates que han compartido su aventura por una noche, aunque creo que hubieran tenido todos ellos mejores cosas que hacer que dormir al raso, protesta no se sabe contra quién y por completo folclórica. Tocante a acciones favorables a los demás, sólo confío en las que se adoptan sin luz ni taquígrafos: que tu mano izquierda no sepa lo que da tu mano derecha. Pero tatándose además de personajes tan poderosos cabría esperar de su preocupación algo más positivo que una protesta/colecta tan llamativa.

  6. Panda de caricatos, sin-vergüenza que les impida lucirse con montajes como el relatado. No creo que merezan más que el desprecio y me extraña que en su país no hayan provocado una reacción dura por parte de la gente sensata.

  7. Expresiva y convincente la reacción del Casino: esa monserga constituye un escarnio para los “verdaderos pobres”. Deberían pasarse una temporada al raso pero sin secretarias ni asistentes, a ver cómo se les quedaba el cuerpo generoso.

  8. Siempre me sugestionó la idea de vivir en la calle, puro poetismo romanticón que debe distar mucho de la temible realidad. Esos señoritos, “pobres por una noche” se merecían algo más que una censura, incluso en el caso de ese minsitro que parece que lleva tanto tiempo batallando por remediar el porblema de los “sin techo”.

  9. La imagen me ha dejado helada. Hay que ser muy tontos o muy osados o muy desaprensivos para “hacerse pasar” por pobres abandonados de la calle. Una pena que dice mucho sobre la crisis de la caridad, huy perdón, de la solidaridad, ¿no se dice así?

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