Según la oficina estadística de la Unión Europea, la herencia recibida del “régimen” tras tantos decenios, revela que seguimos donde estábamos, que no nos hemos movido, como don Tancredo, sino que continuamos anclados en el penúltimo escalón nacional. Más de 100.000 millones de los fondos europeos –como se ha explicado aquí ya con mayor autoridad– han pasado por nuestra gestión política como la luz por el cristal: sin dejar rastro alguno, de manera que la autonomía no ha resultado ser, en modo alguno, el bálsamo lubricante que habría de permitirnos resbalar ascendiendo en el difícil plano de la convergencia europea. Lo demás son cuentos. Nos habían vendido una “Andalucía imparable” cuando, en realidad se nos iba escapando entre las manos la mejor ocasión de nuestra historia.

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