En Marbella duerme en el calabozo los calabozos, la policía descubre sacas de dinero en sus domicilios, la trama parece extenderse a puntos muy lejanos. En Sevilla, el Ayuntamiento de la capital no sabe localizar decenas de obras pagadas a tocateja ni se inmuta ante las decenas de facturas falsas que se le exhiben a diario. En Huelva el PSOE justifica el mayor transfugazo de su historia apuntando a un presunto e infundado “pelotazo del PP. En Sanlúcar, (en los dos), en Almonte, en Estepona, en Almuñécar, en Punta Umbría, en Carbonera, en El Puerto, en Chiclana, por todas partes, el inmundo negocio del urbanismo ilegal pudre nuestra política. Marbella es un caso histórico, pero esa luna negra ni debe eclipsar la realidad de la corrupción generalizada, institucionalizada y consentida. Monipodio anda suelto y, lo que es peor, se sienta en los despachos con la ley de su parte. El problema es que Monipodio hoy gasta título de ilustrísimo. Marbella es sólo una llaga podrida. La metástasis, en todo caso, parece que no hay ya quien la pare.

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