Que una cosa es predicar y otra dar trigo, lo sabemos desde siempre al dedillo. Ya conocíamos varios casos de sindicatos de izquierda litigando a zarpazos con sus empleados, pero ahora son ya los trabajadores de los propios partidos de la izquierda extrema quienes están yendo a los tribunales frente al inverosímil despotismo laboral de sus dirigentes. Dieciséis de aquellos han demandado a Podemos e Izquierda Unida al haber sido despedidos de un correazo (electrónico) y considerarse desposeídos de sus derechos básicos, final de fiesta del cisma de unos extremistas que en sus primeras nóminas han descubierto la falacia de la utopía solidaria. A la hora de trincar no hay comunismos que valgan. Parece que estas criaturas han sido los últimos en enterarse de tan impropio secreto a voces.

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