Parece ser que para la boda del príncipe Guillermo su Gobierno maneja tres planes alternativos, tres trajes de novia se custodian en sede policial y la indumentaria ha sido declarada secreto de Estado. El presupuesto oficial para la seguridad supera con mucho los treinta millones de dólares, el del adorno floral de la capilla de Westminster no bajará de 800.000 y el custodiado vestido de la novia se valora en una cifra siete veces mayor que el gasto del champán que será servido pródigamente entre los invitados. Hasta el negocio de las apuestas se está forrando ofreciendo la posibilidad de acertar de antemano cómo será el sombrero de la anciana reina y otras apasionantes circunstancias de las que medio planeta –no menos de dos mil millones de terrícolas– será testigo en vivo y en directo a través del canal que la propia Familia Real posee en Youtube. Y por si poco fuera, ahí tienen los “clásicos” Madrid-Barça que cubrirán 850 periodistas acreditados y que superará los 400 millones de telespectadores aparte del ruido mediático que entre todos habrán de provocar. A ver qué pueden importar a la opinión, comparado con  esos acontecimientos, las 10.000 víctimas mortales que los rebeldes libios contabilizan desde hace unos días o el informe de la Caixa que asegura que cuatro de cada diez pobres españoles (60.000 niños entre ellos) pasan hambre diariamente en la crítica coyuntura que estamos viviendo. La opinión pública, a la que suele pintar como tirana la sociología más ingenua, es una malva a poco que se la sepa tentar con un cebo adecuado. Bentham y Stuart Mill no podían ni imaginar a dónde llegaríamos en su manejo cuando entrevieron ese fantasma como el resultado de la pasión ciudadana por los asuntos públicos y sus decisiones como el fruto de un sesudo proceso de formación del criterio colectivo. La ciencia social, hay que reconocerlo, va demasiado aprisa cuando no se retrasa.

No deja de ser curioso que en plena efervescencia de la crisis sean los espectáculos intrascendentes los que arrastren la atención de la muchedumbre, un fenómeno que explican los psicólogos como el resultado de simples reacciones proyectivas y, en consecuencia, sublimatorias. La tiranía de la opinión, en suma, no pasa de la dócil terquedad del rebaño y es preciso descartar en ella toda exigencia de rigor. Dicen que la rosa inglesa, el cardo escocés, el narciso de Gales y el trébol irlandés adornarán esa tarta con la que comulgarán virtualmente millones de hambrientos. Luego sonarán las fatídicas campanadas y no será la princesa sino el gentío el que tendrá que escapar de la calabaza y volver a la realidad a calzón quitado.

14 Comentarios

  1. Comprenden por qué no tengo tele. Es que cosas así me revulsan. Lo bien que se vive sin ella. V
    Besos a todos

  2. En mi opinión ese enlace es importante en Inglaterra por su trascendencia insittucional, ya que va a fortalecer a una monarquía muy debilitada, aunque claro eso no quita para que podamos utilizarlo como ejemplo de manipulaicón de las opiniones. Ya sabemos que los pan et circenses funcionará siempre. EStos ejemplos lo dmeuestran una vez más por si fuera necesario.

  3. Somos rebaño por más prurito que conservemos algunos. Nos llevan donde quieren y lo interesante, como s eve en la columna de homy, es que el manejo alcanza ya (mediáticamente) a todo el planeta. La boda inglesa o los “clásicos” de nuestro fútbol interesan en África lo mismo que en Australia.

  4. La sociedad de masas diluye la personalidad. Somos vada día más carne de cañón y de publicidad. No hya más que eso.

  5. A Ortega no le faltaba razón cuando se tentaba la ropa ante la “masa”. Ejemplos como el comentado lo demuestran y dejn al descubierto la superficialidad de una opinión pública que no merece otro repeto que el imprescindible. ¡Van a terminar por convertirnos en “aristó-cratas” incluso a los viejos “vanguardistas”!

  6. Pues claro que el rebaño es dócil, señor mío, pero espero que no esté pendando solamente en personas bobas que se dejan arrastrar por pura ignorancia, ya que hay sobrados ejemplos de grandes y añun de magnates que se mueren por asistir a bodorrios como ése pero se desentienden de los grandes porblemas. Lo de panem et circenses que tanto cita no era una táctica de aplicación exclusiva a la plebe sino a todas las claeses sociales. Bien lo sabe usted por haber hablado aquí más de una vez de evergetismo refiriéndose a Paul Veyne. Los pueblos (en conjunto) son lo que son, La “masa” no está solo abajo, no lo olvide.

  7. Me inquieta ver rondar el concepto de “masa”, siempre tan equívoco, tantas veces malévolo y despectivo. Es a la sociedad en su conjunto, a ESTA sociedad que estamos haciendo entre todos, a la que hay que pasarle esa factura por su actitud bobalicona. ¿Qué conjunto social no repnse un poco a lo “panurge” si se le muestra el trapo? Yo creo que ninguno, aunque comparta de cabo a rabo la preocupación de jagm por situaciones como éstas, que desde luego son más que elocuentes.

  8. No a todo el mundo tiene que interesarle la Opera ni el juego del bridge, señores. No sean tan elitistas y todos saldremos ganando.

  9. Creo que se puede tener interés en ese tipo de acontecimientos (partidos, bodas reales) y al mismo tiempo mantener alerta el interñes social. Y eso es lo malo, que esto último no ocurre, porque aquellos son utilizados como narcóticos para adormecer a una sociedad que sin ronzales podría resultar peligrosa.

  10. Hablamos de un fenómeno intemporal. Imagino que inlcuo en las civilizaciones primitivas habría algún mono listo que lograría distraer a los demás con algún truco. Está en la naturaleza esa atracción por lo banal y espectacular, así como no lo está el interés por lo reflexivo y profundo, qué se le va a hacer. ¿Quien no recuerda lo que ocurre en una clase cuando en el patio contiguo resuena algún tropel?

  11. Nada nuevo. Siempre sucederá así mientras el hombre sea hombre. Y pienso, por otro lado, que quizá sea un poco elitista, en efecto, esperar que la “masa” deje de lado el espectáculo para ocuparse de la seriedad. No sólo en Roma se repartía trigo y se ofrecía circo gratis.

  12. Yo no iría a una boda real pero si a una final de “clásico” No entiendo por qué gm se inquieta por ello. Que cada cual haga lo que le dicte su preferencia y que los demás lo respeten, no considerándolo inferior o indeseable, siempre que no constituya peligro o cause daño. No me gustan los aristocratismos de ninguna especie y este de los críticos del “gusto de la masa” tampoco, aunque pueda entender, como en este caso, la buena intención.

  13. You’re so awesome! I do not believe I have read anything like that before.

    So good to discover another person with a few original
    thoughts on this subject. Seriously.. thanks for starting this up.
    This website is something that is needed on the internet,
    someone with some originality!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.