El diputado Francisco Garrido es un político de doble uso, un apostante de doble opción: es elegido en las listas del PSOE (¿no lo sería en unas listas propias?), vota disciplinadamente con el PSOE en el Congreso, es uno más del PSOE, para entendernos, aunque después se ‘baje’ a Andalucía a vender su panacea denunciando nada menos que “con la actual Administración autonómica que dirige Manuel Chaves es muy difícil cumplir la ley”. Ahí queda eso, pero también queda en evidencia el doble juego, la martingala de venderle a los electores una independencia que no es tal, de camuflar un escaño del PSOE bajo el señuelo ecologista. Repasen la legislatura para comprobar lo que digo y ver de paso el hilarante balance de este diputado autor de la propuesta de reconocer los derechos humanos a los grandes simios y que viaja con bandera de conveniencia junto a quien, según él mismo, es responsable del desastre urbanístico. No se le puede negar a Garrido ingenio para buscarse la vida política y, de paso, como es natural, la otra. 

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