Hay que reconocer al “Gobierno del cambio” el mérito de no haber alterado el ritmo de su trabajo político, algo decisivo en medio del desconcierto que supone un “estado de alarma”. Incluso adelantándose al Gobierno de la nación –como hizo trasantier mismo al ofrecer sus ayudas económicas— dado el explicable desconcierto que a aquél le provocan tanto la imprevisibilidad de la tragedia sanitaria como su caos interno. Trabajar políticamente en ese segundo nivel que, por definición y a salvo las comunidades privilegiadas, es la autonomía, ha de resultar doblemente meritorio y la Junta, al menos de momento, ha sabido mantenerse centrada en la también doble prioridad que exigen la pandemia y la crisis económica. Cuando acabe este combate es posible que haya que reinventar muchas cosas. Entre ellas, y sobre todo quizá, la propia política.

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