Se entiende la protesta del Partido Andalucista frente a la exigencia de las autonomías agresivas que priman en las oposiciones a los aspirantes a funcionarios que hablen sus respectivas lenguas. No puede aceptarse, en cambio, el doble error que supone la propuesta de que, como compensación, entre nosotros se prime a los nacidos en Andalucía frente a los demás españoles, porque eso no es arreglar un roto sino abrir otro descosido. Mucho va a tener que espabilar el andalucismo de partido para salir de la postración en que se encuentra, alojado en la periferia de la política regional, pero si toda su imaginación va a consistir en copiar los dislates ajenos, aviado va.

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