Es muy fácil apostar a ciegas por la juventud, esta tirado rechazar cualquier crítica miembros de esa edad con el manid argumento de la indeseable criminalización. Pero más claro está, por desgracia, que la sociedad tiene sin resolver en este momento gravísimos problemas derivados, en buena medida, de una insensata permisividad que en nada beneficia a los jóvenes en su conjunto pero que perjudica a muchos en concreto. ¿Tiene sentido mantener que un homicida salga en libertad porque le faltan dos horas para cumplir la mayoría de edad? ¿Qué hacer con salvajes que humillan a una chica forzándola a practicar felaciones o con crecidos “perros de paja” que cifran su autoestima en linchar a compañeros o en colgar en Internet sus miserables e impunes proezas? El Defensor del Pueblo acaba de alertar sobre el riesgo de esas modas, pero ése es un asunto que necesita, obviamente menos cómoda condescendencia y más indispensable autoridad. 

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