A lo peor sería ya cosa de abandonar ese tópico de la ejemplaridad disciplinaria del personal y atender a los hechos comprobados: que los “rebrotes”, aquí y en toda España, se provocan en las diversas movidas diurnas y nocturnas que concelebran jóvenes y no tan jóvenes tal vez para desquitarse de un confinamiento pasado que, a este paso, puede que no sea el ultimo.  La autoridad hace bien en plantearse esa medida drástica ante la evidencia de que la actual “desescalada” no cuenta con la imprescindible prudencia y el civismo necesario sino todo lo contrario. Es bonito eso de “to el mundo es bueno” pero, lamentablemente, también es falso. Lo que no deja de ser asombrosa es la inconsciencia que, a cambio de tanto prurito festivo, está provocando el auge exponencial del contagio.

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