La disciplina de partido ha llevado a la Junta, en las negociaciones sobre la financiación autonómica, a la más descarada sumisión. Ni una palabra en contra, conforme en todo, dispuesta a asumir lo que el “Gobierno amigo” decida para salvar su propio pellejo político, la Junta se conformará con lo que le den mientras a Cataluña le largan cinco puntos más, como poco, por encima de la media por habitante. Es una defección en toda regla, una injustificable bajada de pantalones, en virtud de la cual Cataluña irá a más y nosotros a menos en el (des)concierto de una España perjudicada en su conjunto. Nunca el interés de uno costó tanto a casi todos. Es una vergüenza perpetrada por los de arriba que habremos de pagar los de abajo.

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