El presidente Obama, tras una teatral reunión de media hora, ha cesado en su cargo al comandante en jefe de las tropas expedicionarias en Afganistán, general McChrystel, a causa de sus despectivas críticas a los máximos mandos civiles del Estado. Con toda la razón, pues, pero me parece que convendría recordar que lo del general crítico e, incluso, relativamente rebelde, no es nada nuevo en USA sino una acrisolada tradición (desde el lejano Ulises Grant a Westmoreland pasando por McArthur o Patton) en una nación de la que puede postularse sin riesgo que ni una sola de sus generaciones haya dejado de verse involucrada, por activa o por pasiva, en una guerra externa o interna, desde la guerra de exterminio india o la de Secesión, a la texana, la invasión de México, la guerra de Cuba, los dos grandes conflictos europeos, Corea, Vietnam, las dos de Irak y la de Afganistán. En aquel gran país se admite que el espíritu militar, sin perjuicio de la disciplina básica, es compatible con la discrepancia política en la medida en que la democracia es libertad y contraste de criterios. Otra cosa es el golpismo o el pronunciamiento, una estrategia esencialmente antidemocrática incapaz de asumir la condición civil de todo régimen de libertades. McChrystal, por ejemplo, es un crítico, cierto que desabrido e intolerable, mientras que los de 23-F eran sencillamente unos traidores, y en ello hay una diferencia insalvable. Eso lo asume ya cualquiera que nos sea un fanático.

 

No comparen con España, por favor, donde los militares –sobradamente culminada la imprescindible adecuación a las circunstancias—acaso estén hoy más humillados que controlados por el poder civil. Lo sabemos desde que el general Mena tuvo la ocurrencia de decir en público lo que su conciencia le dictaba y casi todo el mundo compartía, y fue defenestrado sin contemplaciones, aunque la verdad es que no pasa día sin que alguien urda alguna nueva provocación. Es fácil alancear al moro muerto, por supuesto, y triste comprobar que una milicia profesional afortunadamente civilizada en el marco constitucional ha pasado en muy poco tiempo de ser una timocracia aflictiva a convertirse en un colectivo de burócratas contra el que parece haberse levantado la veda de las provocaciones. Un gesto como el de McChrystal, evidentemente calculado, merece la sanción que ha recibido pero no deja de constituir un ejemplo de libertad de criterio que certifica una dignidad tal vez incomprensible en un país como el nuestro en el que el ministerio de Defensa parece obsesionado con humillar gratuitamente a su propia gente. Nunca me han gustado los McArthur ni los Patton, ¿eh? Sólo trato de distinguir entre dos nociones de disciplina tan diferentes que retratan dos democracias también distintas.

6 Comentarios

  1. Generales «putshistas» hay a montones , y no todos tienen los mismos objetivos o obedecen a las mismas causas. Y tambien hay generales rebeldes que se han hecho con el poder que han legitimado. Yo según quienes y cuándo.
    Beos a todos.

  2. Díficil tema, el filo de la navaja por el que jagm avanza con su habitual seguridad moral. Entiendo el art. en su fondo: hay una rebeldía legítima, al margen de la sanción disciplinaria, sin la cual el soldado se convierte en un autómata. Ese general tenía que ser destituido, como creo que debían ser cuestionados muchos de los que aquí callan como conejos frente a las provocaciones gratuitas de que están siendo objeto.

  3. Hay ocasiones en que callar es torcer la conciencia. Yo no digo en absoluto que un general pueda descalificar a la autoridad civil, lo que sí digo es que hay circunstancias en que como mando efectivo, conocedor de la situación real, es lógico que se plantea saltar sobre la disciplina. No creo que nadie imagine que esa declaraciones a Rolling Stone las hizo Chrystel a tontas y a locas, sino tras asumir su evidente riesgo. Yo respeto mucho estas «insolencias» justificadas por la incompetencia o la imporpiedad de los que mandan. (No sean mal pensados…).

  4. A mí lo que me asombra es lo rápido con que han acatado la disciplina estos espadones que antes se comían crudo a cualquiera. Es mejor que así sea, no lo discuto, y todos los civilizados hemos apostado ppor ello, pero no deja de dejarme boquiabierto ese generalato, coronelato y demás que aguantan en el primer tiempo del saludo la soberana agresividad de al ministra, pongo por caso, ya que es manifiesto su intención de zaherir lo más posible a quienes no compartan con ella y los suyos la razón de la realidad y la de los símbolos.

  5. Hay algo en ese mílite que me cae bien. Su soberbia justificada pro la necedad, su valor al renunciar a su carrerapor el deber, sus cojones, en una palabra. Obama hace bniejn cesándole: en democracia no hay sitio para generales por libre. Pero él puede que tenga sus buenas razones para creer que Obama y quyienes lo rodean con unos catañamanas por no hablar de cosas peores.

  6. Lleva usted toda la razón en este país de cobardes y sinvergüenzas. Gracias en nombre de mucha gente de bien.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.