Unas fotos laboriosamente conseguidas por nuestro colega británico “The Guardian” acaban de echar por los suelos la autoestima de su civilizado país y, de paso, el mito de la civilidad de las democracias frente a la (demostrada) ferocidad de las dictaduras, fascista o comunista, que a este respecto da lo mismo. Resulta que los ingleses, tan probos y legalistas, estuvieron torturando a modo a sus detenidos tras la Guerra Mundial, a mediados de los años 40, y aún después, e incluso dispusieron de un “centro de interrogatorio” en pleno centro de Londres, y que las “técnicas” empleadas por los sayones no fueron especialmente distintas de las que usaba la Gestapo. Y resulta que los presos torturados, de los que se pretendía obtener información útil ante la que se consideraba inevitable futura guerra, no eran, naturalmente, nazis, sino comunistas arrestados que fueron sometidos de modo sistemático a los suplicios del sueño, los apaleamientos, el frío extremo y hasta a algunos sofisticados recursos encontrados precisamente en los cuarteles de las SS. ¿Raro? Pues no tanto. Son conocidos los esfuerzos y la energía que hubo de emplear Eisenhower para evitar que Patton continuara con sus tanques hacia Moscú para enfrentarse a los mismos aliados que acababan de proporcionarle la imprescindible victoria en el frente del Este. También el sinuoso y triste papel de la diplomacia vaticana en la evasión de criminales de guerra nazis a lejanos países, así como la reutilización de la propia Gestapo como mejor instrumento para la lucha contra la militancia comunista. ¿Y vamos a extrañarnos de que, en estas circunstancias, unos verdugos se entretuvieran en torturar a unos desvalidos (hombres y mujeres, por cierto) tal y como lo hicieran los bárbaros vencidos? Recientes están el hallazgo de las mazmorras de Abu Graib y escandalosamente presente la vergüenza de Guantánamo. Un cuerpo supliciado más o menos no debería modificar nuestra opinión de que el Mal no reconoce fronteras y que, desde luego, no fue atributo exclusivo de la perfidia soviética.

xxxxx

Traigo entre manos las flamantes “Memorias” de Hannah Arendt, un monumental aparto de reflexiones y pruebas sobre la naturaleza del Mal y su índole probablemente inevitable. Pero esas fotografías, esos cuerpos lacerados, esos esqueletos insinuados bajo la piel sufriente de las víctimas lo mismo en Auswich o en Treblinka que en Buenos Aires o en Londres, lo que vienen a certificar es la aterradora proclividad de la mente humana a la violencia y la indigna capacidad de la Razón ilustrada para blindar la perfidia democrática cuando se produce. Veo la imagen de Gerhard Menzel, de 23 años, una víctima desconocida torturada en Bad Nenndorf y, mal por mal, perfidia por perfidia, no aprecio diferencia entre ella y las procedentes de las ergástulas “democráticas” que hace poco veíamos reproducidas para vergüenza de la especie. Les confieso que he de abandonar con frecuencia la lectura del mamotreto citado, como si tratara de reponer fuerzas antes de seguir adelante a brazo partido contra la evidencia de que el Mal no está sólo en un lado sino que yace agazapado en la entraña misma de nuestro sistema, idéntico en todos los casos, atroz tras el escándalo moral de cada racionalización. Según Amnesty Internacional aún se producen torturas en España, por ejemplo, y esa noticia, puntual año tras año, pasa a la papelera de los responsables como papel mojado. Recuerdo que Léon Bloy pensaba que el tormento era un fenómeno universal en todas y cada una de sus temibles especialidades, incluida “notre Europe délectable”. No creo que exista un adjetivo capaz de cargar tanta ironía en el sollado de nuestra buena conciencia.

4 Comentarios

  1. Al ser humano, animal terrestre evolucionado por represión de los instintos hacia la cultura, le es imposible el separarse de su origen.

    La civilización humana es una “ILUSIÓN” temporal.

  2. A su freudiana reflexión, ciudadana Stein, yo añadiría que hay una componente netamente cultural en las complicidades con el horror : la cobardía social.
    El horror, es cierto que tiene un padre en la barbarie animal del hombre pero igualmente tiene una madre en la cobardia y en la ausencia de compromiso de muchos de los seres supuestamente mas civilizados.

  3. Dando por sentado el carácter represivo de la cultura respecto a las inclinaciones naturales de muerte, al que alude Stein, me parece muy interesante -aunque no sorprendente la noticia de que los británicos se dedicasen a perseguir a los comunistas tras la guerra y no a los nazionalsocialistas, a los que en el fondo se recurría tapándose la nariz, como siguen haciendo nuestros políticos en otros temas. Recordemos que el maccarthismo tampoco se dirigió contra los nazis (otra cosa son los judíos, que tenían otras cuentas que saldar) sino contra los comunistas, y que Franco, cuando vió a Alemania vencida por los comunistas en 1944, firmó en en Diciembre de 1944, un acuerdo con Estados Unidos que les otorgaba derechos de sobrevuelo y aterrizaje para los aviones norteamericanos,
    estableciendo tres rutas que pasaban por territorio español, una de las cuales, procedente del S. W. utilizaba Sevilla, en ambos sentidos. El acuerdo significaba dar facilidades militares a un país en guerra por parte de otro, oficialmente neutral. Incluso se admitía que durante la estancia en tierra de los tripulantes de estos aviones, cubrieran sus uniformes militares con gabardinas civiles, según cuenta A. Marquina Barrio en “España en la política de seguridad occidental, 1939-1986”, Ediciones Ejército, Madrid, 1986. Y Franco murió como todo el mundo sabe en la cama, durando mucho más que su patrón alemán y su colega italiano. Lo único que no se logró fue entrar en la OTAN, pese al apoyo en ese sentido del Imperio; pero a su muerte, cuando ya éramos demócratas y tras los escarceos no-alineados de Suarez, por fin Calvo Sotelo lo hizo antes de perder las elecciones. Unas elecciones que ganó, recuérdese, el PSOE, con su slogan de “OTAN de entrada no”. Y de salida menos, por supuesto.

  4. Pingback: dirty lesbians

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.