Lo que ha ocurrido en Almería –el asunto de los asesores que confesaron ante una cámara oculta cobrar en la Diputación sin más oficio que servir en su partido, el PSOE—no es un c aso aislado, seguramente, vamos, ciertamente, convertidas como están las Diputaciones –todas— en albergues de “arrecogíos” de los partidos gobernantes, en muchos casos, hay que decirlo, por el sencillo procedimiento de repartirse con la oposición, a prorrata se entiende, los empleos y sueldos. Urge desenmascarar ese juego sucio en virtud del cual los partidos se financian también en las Diputaciones reconvertidas en colocaderos de sus clientelas, y eso no debe de ser difícil de realizar porque los datos en cuestión son públicos. Y si se demostrara que, como en Almería, la Diputación paga al partido, ahí está el Juzgado. La impunidad debe romperse de una vez. En Almería han empezado ya.

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