Es probable que las ministras sobrevenidas en el ocaso socialdemócrata acaben por reventar la crematística, ese enigma que ya inquietaba a Aristóteles en su celo nicomaqueo. ¿Cabía llegar más lejos, a ras de la idiocia, que aquel “calvismo” que aseguraba que “el dinero público no es de nadie”? Pues cabía, y de sobra: escuchen a la ministra Montero, gran caricata, eludir el compromiso del Gobierno con Andalucía alegando que “ese dinero (el debido) ya no existe”. No tenían bastante con profanar la ética y han tenido que invadir la ontología –el ámbito intangible de la propia existencia– con tal de burlar al “cobrador del frak”. ¿Qué nos quedará por escucharles todavía a estas cotorras insolventes? La Izquierda –la histórica insurgencia culta— ve apagarse su estrella en el cielo más emborronado.

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