La extraña cohabitación entre el régimen comunista chino y su sistema capitalista de producción está dando resultados más que interesantes. El surgimiento de casi un millón de millonarios (el instituto Hurun, que viene a ser la revista Forbes china, pone el listón milloneti en la posesión de 10 millones de yuans, es decir,  de 1’18 millones de euros) en los últimos decenios, mecidos en la cuna de un insólito crecimiento anual del 10 por ciento, han provocado un auténtico cambio de imagen en el país gris y uniformado que nos había legado el daguerrotipo maoísta. Pero la emergencia de China, por espectacular que esté siendo, no está exenta de problemas y contradicciones, empezando por la extrema desigualdad que la “nueva clase” ha generado en un marco social en el que la clases media no acaba de cuajar y aún puede decirse que decae visiblemente, mientras que un vasto proletariado sigue sometido como siempre a la rígida disciplina del tazón de arroz, en especial en las regiones interiores y alejadas de los emergentes centros urbanos. Hay otros problemas, según esos observadores, que derivan de la cohabitación dichosa y no es el menor entre ellos la extraña convivencia del modo de producción más feroz y cortoplacista, y el estilo de una burocracia estatal que, en medio de un clima de corrupción creciente, mantiene en vigor sus antiguas prerrogativas invadiendo toda la vida social y económica en su afán controlador. Y el resultado es que la mitad de esos nuevos ricos apuestan sin vacilar por la emigración lo que, a juicio de los expertos americanos, podría poner en serias dificultades la propia estabilidad del actual estado de cosas salvo que el régimen logre recuperar a los fugados y, como es natural, sus capitales. El nuevo capitalismo chino reclama íntegro el espíritu manchesteriano, la libertad ilimitada del empresario y la ausencia de control. No existían ni existen puentes, como puede verse, entre la devastadora libertad de explotación y el anacrónico fósil colectivista.

No es descartable a medio plazo el choque entre ese sistema fiscalizador y la flamante economía emprendedora, acusada ya, entre otras cosas, de esquilmar  sin miramientos el medio ambiente e ir desarbolando a calzón quitado el no poco tradicional esquema popular de valores, aparte de coger las de Villadiego al primer millón pretextando motivos tan fútiles como la mejor educación que sus herederos pueden recibir fuera del país. ¡Siempre la metáfora de la bandada de tordos que desvalija el olivar y levanta luego el vuelo sin perder tiempo! El capitalismo es siempre el mismo, incluso cuando viaja en el trasportín de una feroz dictadura.

4 Comentarios

  1. Me pregunto si la inmensa emigración china que comercia en Occidente capitaliza aquí sus beneficios o los envía como remesas a su país. No hay que despreciar esta invasión…

  2. Las inversiones chinas en el extranjero también son bastante preocupantes. Creo que entre las remesas de los emigrantes chinos a casa, los capitales chinos invertidos gracias a los cuales podrán pesar sobre porciones de las economías nacionales europeas,(gracias a una administración y organización del trabajo severísimas por no decir esclavagistas),y las ventas de productos chinos a Europa sin que pongamos barreras aduaneras, todo ello contribuye a inclinar claramente la balanza en favor de China, así que si recuperamos algún capital gracias al consumo de algunos millonetis chinos pos mú bien.
    Besos a todos.

  3. No creía yo que el gigante tuviera los pies de barro pero veo que, en economía, nunca sopla el viento a gustio de todos. De todos modos, el porvenir de ese gigante es para asustarse…, si estáuno de la Gran Muralla para acá.

  4. No me parece a mí, querido doctor, que el gigante amarillo tenga los pies de barro. Más bien los tiene el capitalismo occidental.
    El capitalismo chino, así como su industria y su emigración, se están comiendo, ya sin disimulo, al comercio y a la industria occidental porque ningún país puede ponerle cortapisas ya que China puede hundir a cualquiera sólo con sacar a la venta su deuda exterior.

    Yo, de todas formas, prefiero vivir de este lado de la Gran Muralla.

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