Con todo este revuelo que está levantando el tocomocho argentino, son muchos los peatones que se preguntan cómo es posible que nuestros capitalistas sean tan lilas y confiados incluso en casos, como el de ese país austral, en el que el peronismo congénito, con sus inevitables secuelas edípicas, garantiza la inseguridad jurídica. ¿Por qué, se pregunta la plebe ruana, invierten nuestros millonetis por ahí fuera y con tantísimo riesgo mientras la patria se ve forzada a vivir de los especuladores ventajistas que vienen del extranjero? No entra con facilidad en cabeza española que nuestro empobrecido país sea hoy por hoy el principal inversor en Argentina, el segundo (tras los EEUU) en México y uno muy destacado en Marruecos, pongamos por casos, porque no tiene explicación fácil que las garantías que esos países puedan darle al inversor no existan en el nuestro, y menos que éste, nuestra sufrida España, sea una buena plataforma para los capitales extranjeros pero no para los nacionales. El dinero no tiene patria, ya se sabe, porque como advirtiera Péguy, siempre hubo una cierta tartufería para hablar de él, de la que participa todo el mundo por la razón elemental de que casi nadie ignora que los negocios se fundan siempre en el dinero ajeno. No cabe dudar de que si se repatriaran los capitales invertidos por esos mundos de Dios cambiaría de plano el mapamundi, pero habríamos dado un paso adelante en la utopía, hoy por hoy psicodélica, de reconvertir la sociedad desigual en algo más apreciable desde una perspectiva moral. ¿Deben nuestro millones de parados lamentar o, tal vez, celebrar el descalabro sufrido por nuestros magnates a tantos miles de kilómetros? Sin entrar ni salir ahora en la resbaladera de la corrección política, no hay más remedio que admitir que no pocos entre ellos reirán a gusto ante el chasco.

La crisis está permitiendo descubrir a “los de abajo” las raras contradicciones que encierra el mítico mercado transparente, y con ellas la artificialidad de un planisferio político que hace mucho que dejó de ser auténtico puesto que unas son sus fronteras virtuales y otras muy diferentes las que de verdad delimitan la soberanía de cada cual. No es cierto que la riqueza de las naciones, como decía Smith, sea la de sus capitales estén éstos donde estén, y menos en este panorama ruinoso de un capitalismo al que se le han visto las vergüenzas con más nitidez tras la caída del Muro que era su coartada. No le pidamos a una nación que va hacia los seis millones de parados que lamente el traspiés sufrido por sus magnates, por mucho que el batacazo nos concierna a todos.

4 Comentarios

  1. El dinero se rije por la ley de la gravedad, va siempre hacia el centro de este mundo. Nada más desalmado que el dinero. Nada menos ilógico.

  2. Pues no sé qué esperaba usted, señor mío. Bien parece usted más que nada un señorito de la pseudoizquierda.

  3. La pregunta esencial es la del destino de las inversiones. ¿Por qué se invierte fuera el dinero español si hay dinero extranjero que se invierte en España? Este tema es interesante, y debería serlo incluso para un memo como mi antecesor.

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