Supongo que, a estas alturas, pocos serán los ciudadanos que crean las protestas de severidad con los rebeldes catalanes que Sánchez hizo en su día: lo perpetrado se trataba, en su docta opinión, de un delito de sedición; se exigiría el cumplimiento íntegro de las penas en consecuencia y, por supuesto, no habría indultos. ¡Firmeza en la defensa de la unidad de España y de la Constitución! No ha necesitado mucho tiempo, sin embargo, ese habitual fementido, para apuntarse y proclamar todo lo contrario, y quizá no haya mejor imagen de esa miserable defección que el hecho de que los decretazos de indulto ha pillado a los reos golpistas en la calle, disfrutando una vez más de permisos carcelarios. Ese conde Don Julián de pacotilla que es Sánchez anda proclamando que de lo que se trata, en realidad, es de abrir una “segunda transición”, es decir, de enterrar la primera.

¿Reacción de los separtistas? Pues aceptar con un mohín despreciativo el expediente del indulto reclamando la mayor, es decir, la amnistía (hoy legalmente imposible) que permita recorrer cómodamente el tramo pendiente del proceso de independencia. La prórroga del mandato de este presidente inmoral vas a costar, pues, nada menos que la fractura de la nación europea más antigua. Ni un pseudólogo fantástico como Admirall daría crédito ante esta bicoca.

La mínima miseria de esta catástrofe histórica ni siquiera ha merecido, a pesar de todo, la gratitud de los rebeldes golpistas al vendepatria. Junquera considera su estrategia un “triunfo del separatismo” que demuestra las debilidades de Estado”; el prófugo de Waterloo, tras calificar de “pedante” el discurso presidencial, entiende que la medida de gracia supone una “rendición del régimen del 78”, es decir, de la Constitución vigente; y los dinamiteros de Arran han tratado de reventar con sus exigencias vocingleras las sacras liturgias del Liceo. Sólo los empresarios catalanes –los de “más negra entraña de España”, según Valle-Inclán–, arropados, eso sí, por los de más acá del Ebro, y los obispos separatistas de la vieja Tarraconense (acogidos a sagrado bajo el silencio vaticano, todo hay que decirlo), han aplaudido un gesto que, aunque haya recibido el placet del Consejo de Europa, nuestro Tribunal Supremo había descalificado sin ambages.

Nunca nuestras desventuras históricas se debieron a causas tan ridículas como la ambición de unas políticas tan insignificantes. Pero así son las cosas, y así de renqueante va la democracia actual. La desdichada conjunción de antisisemas y proterroristas con las fuerzas del separatismo ofrecerá a Sánchez la anhelada prórroga aunque sea como cornudo y contento.

Pronto veremos de nuevo esos telediarios subversivos desafiando a un Gobierno pelele capaz de propiciar un crimen de lesa patria que no hubieran soñado ni los cantonalistas más imbéciles del santoral nacionalista.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.