El presidente Griñán ha ordenado “movilizar” en Andalucía a jubilatas y prejubilatas para colaborar con su Administración. “No se deben quemar esas bibliotecas” en las que tanto saber y experiencia hay acumulados –dicen que ha dicho—sino reengancharlos en la máquina productiva tal como proponía hace poco, a su manera, el Banco de España, y negaba el ministro de Trabajo. Extraña era ésta en que, en plena hecatombe del paro, se piensa en prolongar la vida laboral y hasta se proponen jornadas de trabajo anteriores a la revolución industrial que sacó a Europa de la economía de subsistencia agraria. Y extraña propuesta que propone objetivos pero silencia medios. Cuando hay poco margen, no hay duda de que  hay que echarle imaginación a la cosa.

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