Un decenio cabal ha tardado la Justicia en rematar el procedimiento abierto contra el entonces alcalde de Sanlúcar de Barrameda, Sebastián Cuevas, por haber tentado a un edil del PP con dinero y un empleo a cambio de que facilitara con su ausencia la solución favorable de una moción de censura. Un plazo sin sentido porque ya poco ejemplarizante podrá ser esa pena que el cohechador ha de cumplir ahora en la prisión de Huelva, cuando ya ni los más memoriosos del lugar se acuerdan de la golfada. La corrupción tiene mucho que ver con estos dédalos consentidos en que se refugian los minotauros del ‘pelotazo’, convencidos de que, previsiblemente, Teseo no hará nada por impedirlo.

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