El gran productor de diamantes De Beers ha decidido reducir la producción de sus minas. Teme que sus reservas se agoten de continuar el ritmo actual, lo que resultaría catastrófico para el negocio ahora que los nuevos millonarios chinos y rusos han relanzado la demanda, hecho que determinará un encarecimiento de la joya que los expertos cifran en un 5 por ciento cuando menos. Es tremendo cuanto ocurre alrededor de ese negocio infame al que hace un par de años trató de poner coto la iniciativa internacional conocida como “proceso Kimberley” acordando el establecimiento de una suerte de “pasaporte” para esas sangrientas piedras que en adelante deberían quedar excluidas del mercado en caso de proceder de zonas de guerra. Porque es probable que el lector no lo sepa, pero la industria del diamante ha estado detrás de las masacres bélicas de Angola, Costa de Marfil, el Congo o Sierra Leona, aparte de que ha funcionado como recurso máximo de regímenes como la brutal dictadura de Mugabe en Zimbabwe a la que Human Rights Watch acusa de haber masacrado a centenares de pequeños buscadores fluviales de piedras preciosas, a fin de garantizar su monopolio en el negocio, y de haber forzado luego a los supervivientes a trabajar en régimen de esclavos, es decir, gratis y durante once horas al día. ¿Sabían acaso que los “diamantes de sangre” procedentes Guinea son comercializados en el mundo entero por los mercachifles libaneses o venezolanos que consiguen la documentación falsa en los corruptos mercados oficiales de Sierra Leona, Liberia, Ghana o Mali? Ni el acuerdo de 75 países incluida la Unión Europea ha logrado frenar semejante ignominia. Nunca el lujo exigió tal tributo de sangre.

 

Ni que decir tiene que si esa calamidad es posible no se debe sólo a la podre de las oligarquías locales sino a la actitud cómplice de las grandes potencias del mundo, casi ninguna de las cuales, empezando por los EEUU y Francia, es hoy ajena a la explotación desalmada del continente africano. En la referida denuncia de Human Rights se encontrarán los estremecedores testimonios de los supervivientes a las razzias de los helicópteros de Zimbabwe en septiembre de 2008, pero aunque las denuncias de esa naturaleza son innumerables, la inhibición de los responsables internacionales sigue siendo total. Uno puede llevar en el dedo o en el pisacorbata la piedra de sangre sin imaginar siquiera la tragedia que oculta su transparencia, como puede ignorar que su telefonillo funciona acaso con el coltán que tanta sangre lleva costada. Son nuestros Gobiernos los que conocen con detalle un crimen que entre todos disimulan por la cuenta que les tiene.

7 Comentarios

  1. Otro asunto sangrante, hoy desde el título, y que implica a los más débiles, incluidos niños explotados. Este caso es uno de los mejores exponentes del cinismo del Poder y de su capacidad depredadora.

  2. Qué podemos decir.

    Parece que las guerras por el coltan, del que casi nunca se habla, llevan costados más de cinco millones de muertos.

    Yo puedo evitar comprar diamantes, nada más fácil y nunca lo he hecho, pero quién puede evita comprar coltan.

    Lo más terrible de todo es la complicidad criminal de los gobiernos de los estados democráticos.

  3. ¿No se cansa este hombre de predicar en el desierto? Sabiendo como algunos sabemos que lo que de verdad le gusta en esta vida poco tiene que ver con estas miserias, les confieso que cada día le profeso un respeto mayor. No ovlden que estas columnas no son de esas que se escriben al buen tuntún, sino que van trabajadas visiblemente, con sus fuetnes consultadas, muchas veces casi inaccesibles y siempre fiables. Lo que no comprendo, insisto, es cómo aguanta. Yo le doy las gracias y estoy seguro de que muchos lectores también.

  4. Cuandoi veo una señora con visón o foca me acuerdo del pobre animalillo saxcrificadoi a garrotazos. Ahora me acordañé de los negritos masacrados cuando vea un brillante en una mano o en un pisacorbata (¿pero de verdad existe todavía ese artefacto, jagm?). Bromas fuera: una columna reveladora. Estas cosas tienen algo de peor y es que se ignoran.

  5. Muy cuerdo comentario y oportunísima reflexión de don Griyo. Pero se me ocurre que también tendría una buena columna el hecho mismo de que la Humanidad, sobre todo la civilizada, haya convertido esa piedra de carbono en un mito por el que merece la pena (ajena) que se derrame tanta sangre. Hay muchas locuras en esta vida pero la de las joyas (la “auri fame”) es de la menos comprensibles para mí.

  6. Sin contar que a los mineros de esas minas no les afecta la silicosis sino otra enfermedad parecida y mortal.
    Nunca entendí porqué nos gustan tanto los diamantes….

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