Sería difícil negar que esta última legislatura ha sido otra legislatura perdida por completo. Más difícil todavía poner en duda que el espectáculo político que está proporcionando la autonomía no tiene precedentes, más allá del efecto demoledor que haya podido tener la crisis. La unanimidad de las predicciones electorales, por debajo de los matices, apuntan a que mañana habrá un cambio en Andalucía, un cambio que es reclamado por una mayoría amplia y cualificada de ciudadanos andaluces, el deber de los cuales empieza y acaba en ejercer su derecho al voto en libertad atendiendo, en teoría, al interés general. Hoy es uno de esos días en que el ciudadano consciente debe entender que votar en conciencia no es solamente un derecho sino un deber.

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