Lo que ha ocurrido en Punta Umbría –un tránsfuga contratado ahora por el partido al que benefició con su traición– no es nada nuevo. Se ha hecho varias veces sin salir de la provincia y presumiblemente se va a seguir haciendo a medida que se reproduzcan los casos. En Aracena o en Valverde, en Cortelazor y en Gibraleón, en Trigueros y en Cabezasrrubias, en El Cerro o en La Nava, en Encinasola y en Jabugo, en la propia capital se ha demostrado por activa y por pasiva, con la mayor desvergüenza del mundo, que el transfuguismo es un negocio pingüe y que las protestas éticas no son más que expedientes para ganar tiempo y despejar balones incómodos. Casi ningún partido (o ninguno) se libra de este comercio inmundo aunque, ciertamente, el PSOE haya estado presente en todas y cada una de esas salsas. 

2 Comentarios

  1. Le añado alguno más, también de antología, todos sin salir de la provincia huelvana, mi doña: Fuenteheridos, El Granado, Corteconcepción, Arroyomolinos de León, Valdelamusa, Aguafría, El Castaño del Robledo, Almonaster la Real, Villanueva de los Castillejos, Higuera de la Sierra, Cumbres Mayores…

    Como para no ser chauvinista del terruño.

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