Van a volver a Sevilla los importantes Murillos que el mariscal Soult se llevó en carros a su país y luego se quedaron por ahí enredados en la madeja tejida por nuestros jacobinos. Será expuestas este otoño junto con los lienzos expoliados en Santa María la Blanca y luego en El Prado madrileño para viajar después a Londres, donde estos días acoge la Royal Academy of Arts una amplia muestra de las obras saqueadas en su día por los bolcheviques a las colecciones privadas que fueron repartidas entre El Hermitage de San Petersburgo y el moscovita Museo Pushkin, y en las que figuraban trabajos de Monet, Renoir, Gauguin, Picasso, Cézanne y las famosas “Bailarinas” de Matisse. Queda mucho por hacer –y no sólo por recuperar¬—sobre las diversas requisas que con el tiempo han ido perpetrando los ejércitos como botín de guerra o fueron regaladas graciosamente a sus generales, como es el caso de la colección que España regaló a Wellington, incluyendo ese prodigio óptico que es “El aguador de Sevilla”. Sólo Goering, al que su primera mujer había convertido en “amateur”, mantuvo una red de ojeadores que lograron acarrearle Dureros robados en Polonia, Rembrandt y Van Dick de los museos holandeses y una innumerable colección arrebatada a sus dueños en Francia e Italia, aunque también es verdad que ese “amateurismo” salvó de la quema (literalmente) los Van Gog, Munch o Gauguin que el celo nazi declaró arte degenerado y burgués poco antes de comenzar el conflicto mundial. Un historiador tan escrupuloso como Manuel Moreno Alonso ha explicado cómo esos saqueadores se valían de “guías” tan acreditadas como el famoso “Viaje” de don Antonio Ponz o el que escribiera Laborde, para llevar a cabo sus fechorías. Sólo el tiempo, que da tantas vueltas, ha acabado medio remediando estos expolios hasta devolver lo robado a sus dueños realengos. Estos días, precisamente, Austria ha decidido restituirle a los herederos de la colección Aranka Munk un Gustav Klimt requisado por los nazis a esa coleccionista judía liquidada poco después del expolio en un campo de concentración.

No deja de ser curioso ese afán requisador y coleccionistas de los grandes espadones, con el joven Napoléon que conquistó Egipto a la cabeza, aunque acaso se trate de una pulsión íntima por decorar la propia figura con el universal e indiscutido prestigio del arte, con independencia del influjo que haya podido ejercer la misma rapacidad del conquistador acreditada de toda la vida. Se despoja al vencido de su arte como si de un ejercicio de vudú sobre espíritu se tratara, de paso que se afirma la superioridad estética de un vencedor que, con su propio gesto, parece reconocerle una indefinible superioridad.

6 Comentarios

  1. Hablamos del arte-mercancía. A Goering seguramente le importaba un rábano lo que veía… pensando en lo que valía. Los generales saquean por dinero, no por afición desmedida.

  2. Hay arte español por medio mundo pero también hay arte de medio mundo en El Prado. Los poderes se suceceden y todos son rapaces, no lo olvidemos.

  3. No se olvide que, efectivamente, el arte es mercancía. Cómo si no podrían pagarse las fortunas que se pagan por El Grito…

  4. yo creo que esos ladrones no roban arte, roban objetos que saben valioso. A Goering lo pudo pulir su primera mujer, como usted cuenta, pero…

  5. Bien estálo que bien acaba. Si vuelven esos Murillos, sea en horabuena. Pero no se olcide que la Inmaculada de que se habla está NO EN SEVILLA, sino

  6. Bien estálo que bien acaba. Si vuelven esos Murillos, sea en horabuena. Pero no se olvide que la Inmaculada de que se habla está NO EN SEVILLA, sino en EL PRADO.

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