Le pido a un joven dependiente de la sevillana Casa del Libro un título de Karl Kerényi, el irreemplazable mitólogo húngaro, y antes de que le dé algún dato complementario, el joven se dirige seguro hacia un anaquel, desliza el dedo sobre sus libros, y me ofrece la cuidada edición de Siruela: “Aquí lo tiene usted”. Y sin darme tiempo a encajar el golpe, vuelve a la carga: “¿Le interesa Kerényi? Entonces supongo que habrá leído su libro sobre Eleusis…”. Sin esperar mi respuesta, se dirige con decisión hacia la librería y encuentra la obra. “¡Es formidable! –me asegura. Para mí la mejor explicación hasta la fecha de aquellos misterios”. Ojeo el libro y, en efecto, veo que ofrece un enorme interés, razón por la que le pregunto al joven de dónde provienen sus conocimientos. “Bueno, yo estudié relaciones internacionales y luego viví un año en Atenas. Atenas está abandonada, pero ¿conoce usted el Peloponeso y la Argólida?” Le digo que sí y le hablo de Micenas, esa maravilla donde yace el espíritu de los Átridas en sus tumbas saqueadas. El joven me retruca todavía, sin dejar de trajinar entre libros: “Pues a mí me gusta más Epidauro, con aquel maravilloso teatro desde el que se divisa el mar …”. Dicen que cientos de profesionales formados en nuestras universidades emigran cada día al extranjero, y me conmuevo ante esta generación de nuestros hijos que ya no emigran con maletas amarradas con cuerdas sino en vuelos “low cost”, cuando no se refugian en un empleo local, muy por debajo de sus capacidades. Me temo que estas jóvenes víctimas del mercado no sean apreciados debidamente y entono mi “mea culpa” generacional. No cabe duda de que hemos hecho un pan como unas tortas.

Médicos, ingenieros, arquitectos, emigran en busca de un empleo y menos mal que, al menos de momento, no les exigen, como en Cuba, que antes de emprender su aventura, devuelvan al Estado el coste de su formación. ¿A dónde vamos en este país en el que los profesionales expertos se dedican a vender libros o a trabajar de “negros” para el profesional instalado? Las estadísticas oficiales hablan de miles de activos perdidos cada año en Alemania, en Portugal o en Irlanda, una sangría que no dejará de tener sus efectos en el lacerado cuerpo nacional. Mi joven dependiente podría haber sentado plaza de político y tendría la vida resuelta. Yo lo miro con afecto entrañable. Ya sé lo cerca que tengo un buen consejero para mis aficiones.

3 Comentarios

  1. Se sorprendería usted de la cantidad de gerentes que están encantados con tener licenciados y doctores multilingües como auxiliares administrativos.

  2. No creo que jagm se sorprenda sino que se comnueve ante esta situación que usted parece conocer bien. Un país no piede dilapidar tanto dinero en educación parav que luego en su mercado no quepan los licenciados.

  3. Con mucho retraso, pero sin poder callar la admiración que siento y lo bonito que me parece este artículo.
    Besos a quien leyere.

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