La puesta en libertad definitiva de ese delincuente que era menor de edad cuando participó en la violación y muerte de la muchacha sevillana cuyo cuerpo sigue sin aparecer, vuelve a poner en pie de guerra a una opinión que no entiende de leyes, ni tiene por qué entender, pero para cuyo sentido común resulta un insulto que delincuentes de semejante calaña andes sueltos por la calle. Es inútil continuar con la porfía sobre la ley del Menor, ese monumento a la impunidad. Mientras esa desgraciada norma no se reforme, esta sociedad seguirá soportando espectáculos como el comentado, que no es sino un más en la ya larga serie que llevamos vividos.

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