Quizá lo más desmoralizador de la tragicomedia partidista no es la sumisión perruna mientras dura la bonanza, sino el indecente rebote –indecente por su silencio anterior—de los caídos en desgracia y su estrategia de llevarse por delante a los de arriba. Un secretario regional habría proporcionado a la oposición, según Guerra, la documentación del “caso Guerra”; uno de finanzas salió revelando que a Chaves la habían condonado por la cara un préstamo en Caja Jerez; y ahora sale otro provincial empeñado en arrastrar en su bastizano a la hija del bipresidente Chaves, apoderada de una empresa que, según insiste el vengativo, es “la madre de todas las corrupciones”. Antes de la caída, ni palabra, boca cerrada a cal y canto, disciplina y sahumerio; tras la desgracia política, el rencor vengativo, caiga quien caiga. Los partidos ha generado esta dinámica miserable que, llegado el caso, deben tragarse sin lamentaciones. Se recoge lo que se siembra. Chaves no tiene motivos para extrañarse de la impresentable actitud de Martín Soler.

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