La estudiada demolición del movimiento obrero no ha evitado que muchos de sus objetivos históricos hayan sido sabiamente asimilados por el sistema productivo. El derecho del trabajador a la huelga, por ejemplo, era algo tan obvio que lo llegó a defender, con las lógicas limitaciones, hasta Fernando Suárez cuando era ministro del ramo, pero puede decirse que nadie ha hecho tanto en contra de él como la insensatez sindicalera de unos y de otros. En ciudades marcadas por fechas cruciales no falta ningún año la huelga de basuras o la de transportes que, casi fatalmente son resueltas al cabo de un mes de sufrimiento ciudadano, como si no fuera posible conceder al tercer día del conflicto lo que se acaba concediendo en la víspera del acontecimiento. ¿Por qué prolongar esos lesivos pulsos para acabar entregando la cuchara? Hay quien dice que por designio sindical tendente a revalorizar su papel mediador, quien opina que por inercia de las instituciones políticas o económicas a resistir cualquier provocación confiando en el chalaneo. No sé, no sé, la verdad, aunque tengo por cierto que la mayoría de las huelgas llevan gato encerrado desde que rige el “pacto de concertación” que ha convertido en uña y carne a síndicos y políticos (éstos ya se encargan de representar a los empresarios) a base de una millonaria derrama que, año tras año, compra la paz social como si se tratara de una mercancía cualquiera. Los ciudadanos, claro está, lo que se preguntan es por que han de soportar tanto quebranto si cualquiera que no sea incapaz de sacramento sabe que, al final, llegará la solución, acaso por aquello de que entre calé y calé no cabe la buenaventura. Acabamos de comprobarlo en la interminable huelga de los trabajadores de Justicia dependientes del Estado que reclamaban su lógica equiparación con los colegas autonómicos. Pues si el ministro de Justicia actúa del modo en que ha actuado, calculen.

xxxxx

Lo que no se dice por lo general, es que la huelga, toda huelga, tiene un coste que, como va dicho, paga primero el ciudadano (en esa dudosa especie que es el trastorno del orden normal) y luego el erario público. Un precio, además, en el que hay que incluir, junto al montante económico, el perjuicio causado y su eventual reparación, y que, ni qué decir tiene, tampoco pagan los malos negociadores causantes del daño sino, nuevamente, usted y un servidor. La huelga de Justicia, por ejemplo, ha causado un estropicio de difícil arreglo sencillamente porque el capricho o, quien sabe si el calculado designio del ministro, han decidido prolongarla contra toda lógica. Pero ha contribuido, por si fuera poco, a desacreditar a unos sindicatos divididos verticalmente, a los que los huelguistas –a pesar de haber ganado la batalla en toda la línea– han tildado de traidores y vendidos sin atenuantes, y a evidenciar que no hay mejor momento para cualquier reclamación que la hora delicada para el Poder. Supongo que los funcionarios andaluces que cobran menos que los catalanes, o los guardias civiles y policías con salario inferior al de los Mossos y otros cuerpos de taifa, andarán preparando su espectáculo para las vísperas de los próximos comicios, un hallazgo que le deben a muchos malos negociadores anteriores pero a ninguno como a ese grotesco ministro de Justicia que se felicita de haberse rendido sin condiciones a sus trabajadores tras haber causado un quebranto, ya veremos en qué medida reparable, a su propia Administración, y un daño impagable a miles de ciudadanos. Una victoria pírrica que le valdrá, tal vez, la confirmación pero no en virtud de ninguna lógica política sino porque estamos en Jauja y, por lo visto, encantados de estarlo. Me parece que esta huelga marcará un antes y un después en el ejercicio de ese derecho fundamental. Unos funcionarios poniendo a caer de un burro a su ministro no permiten esperar otra cosa.

6 Comentarios

  1. “Ni una gota de agua para el sur”
    El Cielo castiga a los catalanes insolidarios con su propia medicina.

  2. (Como en el resto de Expaña, en Cataluññña casi un 75% del agua consumida es para uso agrícola. El beneficio obtenido por la agric. catalana no alcanza al 5% de su riqueza o como se diga. Los afectados por la posible degradación – agua salobre, si se produjera- del delta del Ebro sería una porción escasamente valorable de su agricultura. La alteración del ecosistema consecuente no sería superior a la de la salmuera que evacuarían varias desaladoras en la costa. ¿Ecologistas a mí? Amos, anda).

    Un carguete sindical de medio pelo cobra una pasta gansa -si es alto cargo tiene domicilio de alto standing y sueldazo por cuenta del contribuyente, no de sus afiliados- y horarios muy, pero que muy flexibles. Cuando la huelga es contra la administración -no pongo mayúsc. porque me da la risa- se sabe muy de antemano lo que se va y no se va a lograr. El actual ministro de Justicia tiene una biografía lo suficientemente pública -comenzó allá en los ochenta con Fdez. Vogue y Ledesma- como para poder escribir que es un sectario, dicho sea como definición y no como descalificación. Él presume de ser y actuar “como un hombre de izquierdas”, en un ministerio que por su esencia debe velar por la ley YA escrita, la escribiera quien la escribiera, los legisladores de la dercecha o por ‘los suyos’.

    No olvidemos tampoco que Bermejo se ha gastado hace pocos meses 250.000 euros públicos en reformar un ático que según su anterior inquilina, la ex ministra Trujillo, estaba en “perfecto estado”. Total, estamos hablando de virguerías, 20.247,45 euros en la reforma de su terraza, un espacio diáfano con vistas privilegiadas a la Casa de Campo. Jardineras para que adornen su citada terraza alcanzan los 5.437 euros. Por mobiliario de cuarto de baño a estrenar, 11.733 euros -no sabemos qué lienzo ha colgado sobre el inodoro para aliviar la próstata-. Todo muy de “un hombre de izquierdas”.

    Todo ello fue pagado por el Tesoro Público a través de una transferencia directa a una cuenta de El Corte Inglés domiciliada en el Santander. Pedro García Cuartango podría hacer unas “fotos paralelas” entre esa suntuosidad y las abarrotadas dependencias de cualquier mísero juzgadillo.

  3. Otro día de ausencia y de vacío. ¿Están los sevillanos en los toros pasados por agua, los huelvanos absortos en la lluvia, los madrileños y niuyores divagando por el éter y pensando en las musarañas?

    ¿O están con la cosa esa de la investidura por la tele? Enciendo un rato el electrodoméstico y en silencio contemplo a un político, imaginen cuál. Su expresión corporal, sus gestos, su lenguaje no verbal son un poema. Y para mí, mal pensada la vuelven a una los años, que este muchacho se ha metido algo. Que no pasa el control antidoping, vaya. Será capaz. Apago y me voy.

  4. la 1H 15mn.Cuando se trata de un tema demasiado interno a la España política, no puedo opinar. No me digan que llueve en Sevilla! Que pena!
    Besos a todos…?(todos son pocos, segun parece)

  5. 5.45 h.

    No terminan de celebrar una orgía social y comienzan otra.

    Con razón decían los emprendedores del “norte” que no montaban una fábrica en el “Sur” porque el personal estaba todo el año fiesta tras fiesta.

    Dicen los de la Padania, que de Roma para abajo nadie labora.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.