La verdad es que con las inversiones venimos manteniendo tradicionalmente una relación de amor-odio, una especie de ambiguo malestar en plan “ni contigo ni sin ti”, como canta el fandango, sobre todo la gente del progresismo generacional, hoy con un pie (o con los dos) en la jubilación, a la que la teoría enseñó a prevenirse contra la peste de la dependencia. Y sin embargo, está más claro que el agua que ningún sistema sobrevive sin inversiones y menos en un mapamundi del que han desaparecido como por encanto las tenues líneas de las fronteras. No les digo más que en Marbella han recibido con honores de jefe de Estado al jeque qatarí Abdullah Bin Nasser Al-Thani que ha llegado en su Rolls negro descapotable procedente de su fabuloso yate, tan grande que, por no caber en el puerto marbellí, ha debido quedarse en el de Málaga en espera de que la Junta o quien sea acabe por meterle mano al viejo proyecto de ampliación de sus pantalanes. Vuelve, pues, la alegría de los pringaos, el mito de los marchantes, la leyenda frenética de las propinas de diez mil duros a los guardacoches, las fichas casineras repartidas con largueza a crupiers y mirones, la apoteosis de los anticuarios y el agosto de las putas, además de la satisfacción oficial. Se dice que fue Fahd el saudita quien remedió la crisis de los 70 mientras contemplaba el cielo estrellado y soñaba, rodeado de huríes, con palacios y minaretes, y ahora se confía en este Ben Nasser de “gustos sencillos”, según sus deslumbrados, el mismo que cuentan que encarga por avión la cena a Maxim’s en competencia ventajosa con los millonetis de la mafia rusa que son la nueva panacea de la comarca. También ha vuelto Kashogui, si no ando despistado, olvidado ya su pasado de traficante de armas y su célebre grifería de oro macizo, y parece que Sean (pronuncien Chon, please) Connery aunque sea empapelado por no recuerdo qué pillerías urbanísticas. ¡La dependencia feliz! Tras el orgullo y las grandes soberbias suele agazaparse la “servidumbre voluntaria”.

Al menos en esa zona de nuestro Mediterráneo, el Islam de la morisma no va a necesitar ninguna reconquista porque, sencillamente, nos va a recomprar a plazos lo perdido y en paz. Para lo cual esta crisis, como la otra, la llamada “del petróleo”, le y nos va a venir de perlas, porque a ver quién es el guapo que se encocora dignamente ante esos propinazos o el sesudo que se detiene a pensar que depender de un cliente caprichoso implica fatalmente un serio riesgo. Bienvenido el jeque, a ver qué quieren, que aquí estamos nosotros para doblar el espinazo cuanto haga falta, la mano tendida y los dientes apretados.

1 Comentario

  1. Coincido con Pangloss en que el calor es disuasivo, pero sin olvidar la marea roja que nos invade. Vea Epimúltiple que la insistencia de jagm sobre el fútbol tenía pleno sentido para el sociólogo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.