Con el robo perpetrado en la Aduana onubense la noche de fin de año –mil kilos de hachis decomisado, una fortuna—se colma el vaso de paciencia. Tres robos gravísimos de droga en dependencias oficiales o, en todo caso, en depósitos institucionales que se suponen vigilados, son demasiados robos como para que no prospere la hipótesis de que semejante desafío criminal no sería posible sin alguna connivencia interna costeada por el enorme beneficio que produce. Es imprescindible una investigación a fondo que despeje las dudas sobre las propias policías y nadie más interesado que ellas mismas en llevar a cabo esa pesquisa para que no acaben pagando justos por pecadores. Si la Delegación del Gobierno no lo hace la sospecha fraguará en evidencia y todos saldremos perdiendo menos los narcos.

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