Se cerró Delphi en Puerto Real. Eso es lo único cierto en medio de este desconcierto calculado, entre tanta patraña y tanto camelo: miles de trabajadores que pierden su puesto, mil seiscientos que van de cabeza al paro y luego Dios dirá, los “subcontratados” a la luna de Valencia. Chaves insiste en que la catástrofe será benéfica, en fin de cuentas, porque abrirá posibilidades nuevas a la Bahía ya que vendrían a ella (¿) compañías nuevas y emprendedoras que habrán de crear más puestos de trabajo de los que pudiera mantener Delphi. Claro, y dos huevos duros, al menos mientras no aclare Chaves cuáles son esas empresas que tan en secreto guarda, qué sigilosos proyectos manejan y para cuándo, más o menos, se espera que atraquen por aquellos puertos. Eso sí, los parados están ahí, con nombre y cara propios, con su precariedad a cuestas, con su angustia contenida. No ha entrado Delphi en el balance de Chaves, por supuesto. Aquí no hay corrección posible al margen del autobombo.

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