A Ignacio Camacho,

 en su resurección

Corría la primavera del 56 cuando la dictadura franquista prohibió por decreto la prostitución. Hubo sonoras levas en los burdeles y destierros masivos de ejercientes a lejanas regiones, cuando no se produjeron encarcelamientos de las pupilas consideradas como “débiles mentales”. En su piso del Barrio Blanco madrileño, donde entonces convivía (es un decir) con Blas de Otero, Alfonso Grosso nos recreaba en Madrid, durante sus intervalos lúcidos, la imagen de la estación sevillana de Plaza de Armas atestada de rabizas vigiladas de cerca por el fuerte contingente policial dispuesto por el gobernador Altozano, y prodigaba el chascarrillo según el cual las rameras habrían correspondido al Caudillo honrándole con el nombramiento de hijo adoptivo. La antigua profesión –¡huy, perdón, “explotación patriarcalista”!– seguiría, sin embargo, su triste aventura apretada por el chulo y conchabada con el polizonte, hasta alcanzar en nuestros días el marchamo de industria consentida. Ni san Agustín ni el Aretino se equivocaban cuando sostuvieron la índole social del lenocinio: cloaca o palacio, la mancebía existiría mientras en el mundo hubiera hombres ávidos y mujeres pobres.

Tantos años después, y como si no hubiera nada mejor que hacer bajo la pandemia, Sánchez ha anunciado el compromiso abolicionista de su Gobierno de repetir la providencia de Franco, al tiempo que legalizar la eutanasia, redundar en la “memoria histórica” y confiscar los ahorros municipales. ¡Memorable programa camino del segundo confinamiento! Las feministas, mientras tanto, extreman el treno divididas entre partidarias del “consentimiento” y forofas de la “abolición”, es decir, repitiendo sin percatarse el eterno debate sobre el puterío en el que los partidarios del fornicio se extasían ante la imagen de la Isis prostibularia o de la bella Verónica Franco –¡también son coincidencias!– retratada por Tintoretto en todo su esplendor. Afecto a la autocracia, como Pericles, Sánchez no quiere, sin embargo, ni oír hablar de Aspasia, la regia furcia del tirano griego. ¡Moralidad e igualdad de género ante todo! Hay que reconocerle el mérito a este héroe sobrevenido que lo mismo desentierra al Dictador que repite sus gestos más discutibles, mientras lo tangan con los tests falsos, las mascarillas inservibles o las vacunas precoces. Puta hubo que ligó con Alejandro y Tolomeo al mismo tiempo. El pretorio de Sánchez debería tener en cuenta esta memoria superhistórica.

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