Sin salir de las páginas del periódico del día me entero de que el Defensor del Pueblo (español) tomará cartas en el asunto para ver qué hay detrás o debajo del extraño caso de los espías de la VPO onubense; de que el Defensor del Pueblo (andaluz) logra, por fin, que le nombren los adjuntos demorados por el criterio sexista; de que el Defensor del Paciente estudia demandar al Servicio Andaluz de Salud con motivo de cierto traslado de pacientes quemados; de que el Defensor de Córdoba denuncia ante la Fiscalía el tráfico de guatemaltecos en la ciudad; de que el Ayuntamiento de Huelva nombrará Defensor del Ciudadano a un edil de IU ahora cesante y justamente rebelde… ¡Dios de mi alma, pero ¿cuántos Defensores tenemos en esta país tan indefenso, en el que, a la hora de los disturbios, ni se encuentra uno ni de milagro? No sabía lo que estaba haciendo quien introdujo entre nosotros esa figura nórdica del “Ondbusman”, tan necesaria como abusada por estos partidos clientelistas. Seguro que algunos de esos “defensores” me daban la razón. 

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