Los Inspectores de Educación andan que se suben `por las paredes ante el propósito de la ministra Celaá de reformar el trámite de acceso a esa importante función sustituyendo el vigente principio de mérito y capacidad por el dedazo puro y duro. Dicen ellos que en esa Jauja “se permitirán nombramientos sujetos a afinidades” (no se diga que “manca finezza”) como si ese criterio fuera novedad en nuestras Administraciones y como si no fuera elocuente el hecho de que la señora del presidente del Gobierno que nos aflige desempeñe una cátedra universitaria sin ser siquiera licenciada. ¡La vieja obsesión del político por avasallar al funcionario y barrer para casa! Recuérdese que las mismas Izquierdas que bajo el franquismo preconizaban una Administración reservada a funcionarios hasta el nivel de subdirector general han entronizado otra en la que todo el monte es orégano de “libre designación”.

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