El antiguo debate sobre los deberes escolares del niño no tiene trazas de acabar superado nunca. Hay quien sostiene que abrumar al iniciando con tareas caseras equivale a privarle del tiempo libre que su imaginación y su legítimo bienestar requieren, y hay quien, por el contrario, mantiene el tradicional sistema que reserva para el aula la iniciación pero sin dejar de fomentar la voluntad del educando. El hasta ahora desafortunado Hollande ha proclamado el otro día en plena Sorbona su propósito de liberar a los chiquillos de esa carga vespertina so pretexto de igualar las oportunidades, dado que siempre habrá colegiales cuyo hogar aliente y ayude en la tarea de estudiar, y colegiales que no encontrarán en el suyo condiciones propicias. Eximir al alumno de deberes caseros sería, según Hollande, un modo de igualar las oportunidades y, en consecuencia, nada menos que aplicar a rajatabla el lema de la República, pues desde ese momento, es decir, en un régimen de trabajo intraescolar se abolirían las ventajas que ofrece un hogar desahogado y, en última instancia, una enseñanza complementaria pagada por papá. La imagen del escolar cargado con su mochila que, tras la merienda, debe reemprender la tarea es, desde luego, conmovedora, pero a pesar de todo tres cuartas partes de la población sondeada se muestra contraria a esta providencia, argumentando que incluso en el “país de la igualdad”, el Estado no debe extremar una estrategia de igualación que alcance el ámbito privado. Hay muchos caminos que conducen a la igualdad y que el Estado tiene en su mano explorar antes de promover medidas que posiblemente acabarían debilitando el esfuerzo estudiantil de la infancia.

La verdad es que entre las ilusiones persuasivas de Pestalozzi, la escuela sin puertas de Ivan Illich y la máxima bárbara y ancestral de que “la letra, con sangre entra”, no acabamos de dar con la clave que haga posible una educación primaria. Pero sobre todo ello planea el señuelo de una docencia blanda, en la que la disciplina desaparezca o se reduzca al mínimo, cuyos resultados están a la vista. Hollande podría buscar la igualdad reforzando una fiscalidad sin trampas antes que aventurarse en esas aulas que no son el único ni el gran factor que fomenta la desigualdad en un país que ha hecho del elitismo docente una institución proverbial.

7 Comentarios

  1. Claro, muy argumentado: si Hollande o qui8en quiera pretende evitar lan desigualdad que meta la mano en la bolsa de defraudadores, que vigle la ecomonía sumergida, que proporcione medios iguales a todos los educandos. ¿Por qué un padre no va a ayudar a su hijo si puede hacerlo? Esa “discriminación” es relativa y viene de lejos. Por cierto, los jefes socialistas, por poner un ejemplo, envñían sus hijos a los mejores colegios privados y a las universidades al extrabjero. ¿No se había dado cuenta de ello Mr. Hollande?

  2. Hoy el progresismo docente pretende escalr montañas sentado en una butaca. Por eso cede ante el niño, uincluso frente a la resistencia de los padres.Pero de verdad esto no me lo esperaba.

  3. ¡Qué tío más ridículo! Le nivelement par le bas , es todo lo que ofrecen. Y apuesto a que sus hijos tuvieron profesores particulares, visto que papá y mamá andaban tan ocupaditos! Supongo que pondrá a un policía en cada hogar para vigilar que a nadie se le occurra darle clase a sus retoños! Pero será bobo, el hombre!

  4. Me conmueve ver a los chiquillos deslomados bajo sus michilas, pero pienso que entre la escuela y la casa debe de haber alguna continuidad.
    En cuanto al argumento “igualitario” de monsieur Hollande ya lo ha dicho casi todo en pocas palabras una ciudadana suya que tengo entendido que, además, es o fue enseñante.

  5. la docencia debe ser continua, con los descansos suficientes y agradables, pero me parece inevitable que si los niños van a casa sin material de estudio y deberes que cumplir se pasen la vida viendo la tele. Tengo nueve nietos y sé de qué hablo. ¿A que usted también, don ja?

  6. Un sobrino mío, que hoy es funcionario de Aduanas con sus oposiciones ganadas brilantemente, me vino unn día con el cuento escolar postmoderno de que la memoria no había que forzarla siino que bastaba al estudiante con prestar atención en las clases. Este tipo de pamplinas se han prodigado al infinito, y así está la enseñanza como está: hecha unos zorros. La crítica de gz. marín al camelo de Hollande, brillante: meta mano a los millonarios, a los evasores, a los especuladores y deje usted, de momento, a los viejos maestros seguir con sus bien experimentados métodos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.