He sentido envidia, de la sana y de la otra, escuchando el debate entre los dos candidatos franceses que Rubén Amón dice que Sarko “ganó a los puntos” aunque sin acabar de noquear. La ventaja del candidato aspirante consiste en que no tiene tras de sí nada de qué responder, esto es, que a sus camelos corresponde una presunción de inocencia que difícilmente puede exigir el otro porque su obra, buena o mala, está a la vista. ¡Pero qué orden, “quelle politesse”, a pesar de la leña! Hollande perdió una gran oportunidad lanzándole al otro, como un dardo envenenado, su pasada amistad con Berlusconi –pudiéndole haber relacionado con Gadafi que, a mi juicio, sería peor—y le echó en cara el deterioro de la economía tanto como su defesa de los ricos en perjuicio de los pobres. Sarkozy le respondió que su país era el único que no ha conocido aún un solo trimestre de recesión para rematar con una pulla de esas que te matan: “Mire, Monsieur, hay, efectivamente, una diferencia entre nosotros y es que usted pretende que haya menos ricos y yo, simplemente, busco que haya menos pobres”. ¡Puro Cirano de Bergerac! Y luego, la muletilla de la España socialista, a ver, escogida como ejemplo del mal ejemplo, valga la reiteración, es decir, de lo que no sería deseable imitar para evitarse las duquitas negras. Qué envidia, ya digo. Descender de Richelieu o de Guizot no es lo mismo que venir de Cánovas y de Zapatero. O sea, lo del elefante, el leiv motiv inevitable que estos días recorre como un fantasma la imaginación española, la imagen terrible de los siete disparos contra el fabuloso animal indefenso que elogian Plinio y Cicerón, y del que el maestro Covarrubias insinúa en su Tesoro que, además de poseer bondad, prudencia y equidad, practica un cierto modo de religión con que parece reverenciar a los astros. Hay imágenes difíciles de borrar: la de Berlusconi a tu lado (o en la boda de tu hija), la del sumidero zaparerista, la del elefante fusilado junto al rey cazador pidiendo perdón a su pueblo. ¿Quién no tiene un cadáver en su armario?

No vivimos una era de grandes políticos, no hay De Gaulles, ni Adenauers, ni De Gasperis, ni siquiera Mitterandes que llevarse a la boca. ¡Con decirles que la señora Merkel va por ahí coronada de laurel! Esta es una “época de hierro”, como la que describe Hesíodo como antípoda imaginaria del paraíso perdido, con líderes medianejos y hasta gobernatas puteros. Aunque en cualquier caso cabrea eso de verte en pantalla revestido de demonio o de tonto del bote. ¡Pero qué debate, insisto, “combien courtoisie”, dicho sea guturalizando la erre! El Rey debería verlo atentamente por si se tercia pedir perdón otra vez.

4 Comentarios

  1. No sé si nuestro don Rafa hace conn sorna su comentario, peroe s verdad que nuestros columnistas (algubnos) son un lujo para la caterva política. La imagen del elefante sufilado es estupenda, la notivcia de que en USA funcionan empresas para orientar en el trullo a ricos presos, definitiva.

  2. Difícil elegir entre un listo y un tonto,como ustedes dicen. Todavía hay esperazna para los que no queremnos confrointaciones con Europa.

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