No me parece razonable que la respuesta del Gobierno a cada crimen excepcional que se produce en España sea la recepción de los deudos por parte del Presidente, algo que, significativamente, no ocurría antes, desde Rocío Waninkoff a Sandra Palo, pero que ahora se ve que resulta inevitable dado el grado de excitación social fácilmente detectable en la opinión pública. No son los padres destrozados quienes han de formular la estrategia adecuada para atajar lo que, sin duda posible, es una pésima deriva criminal cuyo origen los sociólogos no se ponen de acuerdo en determinar, ni cabe pensar que el Presidente tenga en esos encuentros otro interés que no sea el meramente publicitario, pues hasta de las piedras sacan panes los políticos electoreros. Son los legisladores, los órganos competentes del Estado, quienes tienen que decidir de una vez si hemos de resignarnos a este festival de impunidad o sería cosa ya de pensar seriamente en oponer a sus protagonistas una alternativa disuasoria. Como la cadena perpetua, por ejemplo, ya que el cumplimiento íntegro de las penas, hay que admitirlo, castigaría por igual al auténtico arrepentido que al falso sin olvidar al contumaz. Lo que hoy se empieza a traslucir, y ya era hora, es que la Constitución, al ‘orientar’ la pena hacia “la reeducación y reinserción”, no impide proponer un sistema como otros que funcionan en Europa, en el que los culpables de delitos extraordinariamente graves y peligrosos deban enfrentarse a una condena vitalicia en principio y sometida a la revisión periódica y seria de sus circunstancias concretas por parte de los expertos. Eso es loque el Gobierno le niega a los padres desesperados que van a Moncloa a por atún y a ver la duque. Y eso lo que, sin embargo, va a acabar imponiéndose, más pronto que tarde, en la mayoría de la opinión.

Es significativa la discusión colectiva provocada por ese intemperante vasco que se ha tomado la venganza por su mano destruyendo a mazazos una taberna etarra cuando vio destruida su propia casa por un  atentado. Porque ése es el riesgo: que la inoperancia práctica del Estado, la inutilidad de una ley cuya lenidad es patente en estos casos tremendos, acabe provocando, como reacción, el recurso arcaico e ilusorio a la venganza privada. ¿A qué teme el Gobierno en ese debate, qué recela que pueda perder si se impone al fin el criterio masivo de que las penas han de ser, además de ajustadas a derecho, eficaces en la práctica? Los padres abrumados en el sofá de ZP no son más que una escena de tragicomedia política. Plantear la cuestión de una pena disuasoria y que garantice, de paso, la seguridad, constituye, en cambio, una necesidad cada día más inaplazable.

17 Comentarios

  1. Una vez más, se trata de la Constitución del 78. Alumbrada desde el miedo, la sombra de los años oscuros y la ñoñez de quienes se consideraban los padres del parto de los montes, combina elementos de ranciedad con ramalazos buenistas de salvadores de la Humanidad. Basta releerla a trozos, como la Biblia o El Capital, para descubrir sus perlas.

    El problema surge cuando en 30 años -los que han propiciado los cambios más veloces en la Historia, muro de Berlín, 11-S, etc- muchos de sus planteamientos se han quedado tan desfasados. El blindaje del texto es además tan complejo que difícilmente, con la deriva que actualemnete llevan los dos grandes partidos, se va a actualizar. Así se eternizarán los fallos, el de la buenista reinserción no es el más grave a mi parecer, y bien me temo que muchos no llegaremos a ver su modificación.

  2. Temo que el error de esta mañana (había otra columna disitnta con varios comments en la página) haya provodado la dispersión. Estoy con la tesis implícita de ja: urge solucionar este problema y han de ser los legisladopres y no los padres de las víctimas (a los que en política utilizan electoralmente, encima). Ý ya de paso que los penalistas del 68 se paren a considerar si en esta sociedad sigue siendo posible el utopismo redentor.

  3. También yo, como monseñor, me tropecé esta mañana (en mi caos, sin advertirlo) con un texto anteriormente publicado, que ahora veo que trataba el mismo tema. Hago mías las ocnsideraicones de la columna así como la pulla inteligente del padre cura. No se trata de “endurecer” sino de dar con la medida eficaz. Lo que no puede ser es que continúe este estado de cosas que, segurmante, no lo discuto tiene otras y varias causas.

  4. Esperen a ver qué ocurre cuando la crisis apriete y la gente se desmande, que se desmandará. Un código penal rígido podría entonces superabarrotar las cárceles ya saturadas. ¿Qué hacer”, preguntó Lenin. Yo también.

  5. Es falso el debate, a mi juicio, que se plantea entre la dureza y la blandenguería. Hay dos cosas: la primera, que esta sociedad, por razones tan diversas, ha cambiado peligrosamente y ejerce formas de criminalidad anormales; y segunda, que el utopismo ha sobrevivido demasiado tiempo. Es lo mismo que está ocurriendo en la escuela o el insti: que la gente campa por sus respetos sin ley ni miedo. Lo mismo que sucede en el sucio submundo de los negocios. Lo mismo que…

  6. Las mujeres tenemos otra sensibilidad (no digo “mejor”, digo “otra”) y por eso llevamos mucho tiempo reclamando que se reforme el control antes de que se vaya al garete todo el negocio. Si tenemos problemas conn nuestros hijos (problemas nuevos y graves), ¿qué no será la calle? Difícil lo tiene el legislador, pero para eso le pagan.

  7. Equitativa columna, razonable, moderada pero radical en sus principios claramente expuestos. Me gusta. Sobre todo porque trata de un tema que me quita el sueño. Cada vez que veo esos telediarios llenos de muertes, asesinatos, cadáveres y demás, pienso que llevamos años de retraso en este sentido. El jefe lleva razón, es urgente plantearse con valor el problema penal y también, nio se olvide, el penitenciario.

  8. Tenga cuidado doña Epi al usar buenismo y bnuenista porque el otro día en Huelva, Gustavo BUENO, el filósofo, al quien llevó nuestro gm, protestana del calificativo que –decía– lastimaba el interés de sus discípulos y seguidores…
    COn la columna de hoy, completamente de acuerdo. Leí hace poco a Gimbernat en El Mundo un alegato en sentido contrario. Pues bien, allá los penalistas con su coquetería moral.

  9. Los ciudadanos perezosos dejamos las cosas para mañana y los políticos, más perezosos todavía, dicen que no se puede legislar en caliente.
    Naturalmente, si antes de ponerse a legislar esperan a que se enfríe el último asesinato nunca llegará el momento, y si por casualidad hubiera una bonanza ¿?, o no les pillará preparados o tocarán vacaciones parlamentarias, periodos intersesiones que dicen ellos y parecen mucho más importantes que el derecho a la vida, o en último caso habrá interrupción preelectoral y no sólo como dice doña Epi no lo conoceremos nosotros sino que, a este paso, tampoco lo conocerán nuestros nietos.

    Eso sí, cuando se trata de meter en cintura o exprimir al ciudadano sí se legisla en caliente sin el menor pudor.
    Véase cómo se ajustaron y se volvieron a ajustar las leyes para el cobro de las multas, de las deudas a la Hacienda Publica, la ley antitabaco, la persecución de los autónomos y pequeños negocios por una legión de inspectores muchas veces malévolos…

  10. Muy cuerdamente nos previene el anfitrión del riesgo de pasadrnos derosca, entre la lenidad y la dureza excesiva. Este es un problema de tacto, que en los tiempos modernos se ha abordado de muchas maneras pero que, en efecto, el utopismo de la generación “transitiva” y sesentayochista calculó mal y dio peor respuesta. El llamado Código de la Democracia es un mal código. Reconozcámoslo y ya veremos los resultados.

  11. No creo que la sangría que hay planteada la resuelva una reforma legal. Pero estoy de acuerdo en que algo habrá que hacer y en que no son las víctimas (sus deudos) quienes están en condiciones de dictar la lección.

  12. Se les olvida que los padres de las víctimas osn corresponsables, los pobres, de estas escenas del sofá aludidas. No tienen más que ver el cambio de vida de la señora Manjón y tantos otros que han hehcon un oficio de esa condición. Que el Poder aporveche y se haga la foto, normal. Me parece, ya digo.

  13. Ardua cuestión y más con la que tenemos encima. Interesante en todo caso, yo diría, incluso que excepcionalmente interesante. Me uno a varios de los comentarios dejados antes por los casineros.

  14. Temo que endurecer las penas no será suficiente, pero estimo que es necesario. Hay demasiado criminal en potencia estimulado por la levedad insoportable de esas penas que se redimen como quien lava, en ncasos como los de los etarras, por causas, a veces, inimagibales para un ser normal. Digan lo que quieran los utópicos, la reeducación sólo es posible con el delincuente contrito no con el contumaz, como el jefe suele puntualizar. De Juana paseando por Irlanda es un insulto a la inteligencia y esos niños asesinos (“caritas de ángel”, la columna del otro día) un desafío a la sociedad en su conjunto.

  15. Relean lo que ha dicho mi Dª Epi y D. Griyo, sobre todo su segundo párrafo, y en mi opinión tendrán las claves de lo que estamos tratando estos días: el desvalidamiento de la ciudadanía (el word me ha hecho una jugarreta y ha sustituido la d por la j, cambiado desvalidamiento por “desvalijamiento” que también vendría de perlas) ante los intereses de los que mueven los hilos del poder.
    Por lo menos me queda el consuelo de leerlos a Vds.

  16. la verdad que una respuesta contundente a tiempo puede tener un efecto disuasorio inmediato pero a la larga se acaba olvidando. un saludo Don Jose Antonio

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