La Universidad de Sevilla ha decidido, finalmente, dejar sin corregir la norma reglamentaria recientemente establecida por la que se establecía el derecho del alumno sorprendido copiando en un examen a terminar el ejercicio y ser enjuiciado, no por el profesor, sino por un comité paritario de profesores y alumnos. Hay rectores que cultivan el voto de los alumnos por encima de todo, aunque en ocasiones como la comentada lo que esté en juego sea el carácter inevitablemente jerárquico de la docencia y la propia imagen de la universidad. Y no se trata de una anécdota, sino de un dato elocuente del estado de postración ética en que la lucha por el poder claustral está sumiendo la enseñanza superior.

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