No es buena la estrategia de reconquista municipal empleada por el PSOE en Marbella, y menos tras las acusaciones contundentes que el cerebro Roca ha lanzado sin contemplaciones contra la Junta de Chaves. Menos todavía resulta apropiado llegar a la castigada ciudad, como ha llegado el consejero/candidato Plata, como caballo en cacharrería, deslizando presuntas responsabilidades contra su gran adversario que Hasta ahora es quien domina las encuestas. Lo que se va sabiendo de Marbella –el régimen de escandalosa impunidad, la organización mafiosa de los que mandaban—lleva a la conclusión de que lo que Roca dice (que la Junta lo dejó hacer y deshacer a él mismo a y a los suyos) es más que posible y no se liquida con un ridículo desdén de Chaves. Aparte de que Plata no debería olvidar que, incluso antes del gilismo, debe de haber enterrados en Marbella muchos secretos más que incómodos para su partido, que fue el que dejó el sitio a Gil a fuerza de mal gobierno. Marbella ha dio siempre de mal en peor, pero durante la campaña es probable que se salga de madre. Quienes tienen en sus manos impedirlo deberían tomar medidas por la cuenta que a todos les tiene.

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