Ayer no daban a abasto los de la tila alpina y el valium en todas y cada una de las sedes de partido. Se hizo rogar el escrutinio antes de perfilar el complejo resultado de la provincia y, sobre todo, antes de entregar la cuchara en la capital, donde Pedro Rodríguez, con su cuarta legislatura conquistada, se convierte en el alcalde que la gobernará durante la más de la mitad de esta era democrática. El PP en Huelva no era nadie y hoy se ha convertido en una fuerza mucho más votada (casi 9.000 votos más y trece puntos por encima) que el PSOE que sigue siendo hegemónico en una provincia que tiene atraillada y buen atraillada. Y el PSOE, que lo era casi todo, no sólo falla otra vez tras su triste legislatura a querellazo limpio, sino que su glamourosa candidata pierde unos miles de voto respecto a Pepe Juan, el vituperado candidato anterior. Buena lección para partidarios del juego sucio y la zancadilla política y, sobre todo, para los ingenuos que acogieron con irónica reserva a este alcalde que les ha terminado dando a todos –pero que a todos– sopas con honda. 

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