No tenía salida decorosa para la consejería de Educación de la Junta de Andalucía frente a la moción parlamentaria en la que el Partido Popular la instaba a “personarse jurídicamente y de oficio” e todos y cada uno de los casos de “violencia escolar, tanto física como oral” que de hecho se sustancien ante los tribunales. Claro que tampoco tenía fácil aceptarla, después de años negando esa violencia y proponiendo chorradas como estimular el “buen rollito” y hacer planes para la paz y concordia de esos que la basca se pasa por el forro. En un término medio, doña Cándida, ese azote de la enseñanza, ha concedido que, vale, que la Junta, en adelante, “ampliará el apoyo en materia de asistencia y protección jurídica a los profesores para defender sus intereses”, extraña providencia teniendo en cuenta que parte de la Junta de que el peligro no existe. Bien, mejor eso que nada. También es verdad que no todo lo que ocurre en el patio escolar es culpa de esta extravagante responsable y que alguno vendrá que buena la hará.

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