Eso de meter con calzador la Segunda Modernización en el texto del nuevo Estatuto, que trae en mente Chaves, debe de ir, seguramente, de coña. No sería posible, en efecto, imaginar a alguien tan rematadamente bobo como para alentar una idea por el estilo, aunque la verdad es que la política autonómica está dando de sí lo bastante como para auspiciar tonterías sin cuento. Claro está que un presidente que se ha dejado en el tintero toda su cada una de las iniciativas legislativas de un mediano interés, podría ver en ese juego malabar la ocasión de escapar a la inopia en que se mueve su Adminbistración y dar la impresión, siquiera superficial, de que el proyecto autonómico es, a estas alturas, algo más que el papel mojado sobre el que pretende escribir el objetivo único de su supervivencia política. Lo malo es que con la coña y sel seguidismo puede que acabemos pasando de la autonomía “de segunda” que veníamos disfrutando a una “de tercera” o, sencillamente, “de regional”. Cuando no es posible saber si un presidente está de coña o ha perdido el oremus hay que prepararse para lo peor.

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