Ya no es discutible que la connivencia con las malas prácticas son un hecho generalizado en nuestra política autonómica en este clima que tanto recuerda al de los últimos días de González en el poder. Pero lo peor es la pasividad de la Junta y su partido, ese quedarse cruzados, tan griñaniano, que supone una indefensión absoluta ante los abusos y corrupciones que se han adueñado de la vida pública andaluza. No es decoroso mantenernos ahora un año a notición diario. Lo suyo sería que Griñán tirara de la manta, si es que puede, antes de que los que tiren de ella sean otros, incluso de su propio partido.

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